LOS ESQUEMAS MENTALES III (EL SOMETIMIENTO)

Una pareja que no se mira en un parque

26 de noviembre de 2018

Según Tara Bennett-Goleman, la frase que resume la creencia del esquema de sometimiento es «Siempre tú, nunca yo». Y el patrón de las personas que desarrollan este esquema gira en torno a la sensación de que, en una relación cercana, nuestras necesidades nunca son prioritarias. Esto genera resentimiento por sentirte atrapado, ira y frustración.

Siempre tú, nunca yo

Este esquema se suele originar en una infancia dominada por padres demasiado controladores que no dejan que el niño exprese sus necesidades. La afirmación de poder por parte de los padres va mucho más allá de los límites y reglas necesarios para la convivencia, llegando a ignorarse la necesidad de autonomía del niño. Esta autoridad puede expresarse directamente a través de la violencia, o a través de amenazas sutiles, miradas reprobatorias, ceños fruncidos o cambios en el tono de voz ante el menor signo de que el niño manifiesta sus propios deseos. Así, el niño comprende muy pronto que sus sentimientos y necesidades no cuentan, y aprende a sentirse impotente y desamparado en cuanto a lo que desea o necesita.

Un esquema que se origina en la infancia tras unos padres tan controladores que no permiten que el niño exprese sus necesidades. De adultos dejarán que otras personas tomen la decisiones por ellos

De adultas, esas personas puede que estén tan acostumbradas a que la otra persona los mande que ya no están en contacto con lo que realmente desean o necesitan, y cuando se les pide que decidan a qué restaurante ir o qué película ver, les cuesta decidir. Prefieren que sea el otro siempre el que tome las decisiones.

Estrategias de supervivencia

Una de las estrategias que puede asumir el niño ante una actitud dominante por parte de los padres es la pasividad o la rendición, para no tener que enfrentarse a los gritos, los castigos o los signos de desaprobación. Siendo «un buen chico» o «una buena chica» se asegura cierta paz en el hogar.

La gente que adopta esta estrategia, está deseosa de agradar. Puede acabar siguiendo carreras elegidas por sus padres, condesciende a las exigencias de una pareja dominante o cede muy rápido a los caprichos de los hijos. Pero, por debajo de todo ello, bulle la rabia y el resentimiento, que se va acumulando en forma de cólera contenida.

Otra estrategia ante el sometimiento que desarrollan ciertas personas es la de la rebeldía, llevando a cabo grandes esfuerzos en contra de la sumisión a la que les obligan sus padres. De adultas, esas personas pueden ser hiperreactivas ante cualquier signo de control, saltando en contra de quienes detentan la autoridad.

Otra estrategia para no enfrentarse al sometimiento es evitar los compromisos, eludir cualquier acuerdo que pudiera significar ser atrapado o controlado. A las personas que han desarrollado esta estrategia les puede costar hasta comprometerse a quedar a comer con un amigo a una hora determinada, pues incluso fijar una cita les evoca las antiguas sensaciones temidas.

De “buena chica” a la crisis de los 40

Personalmente, pertenezco a las personas que adoptaron la primera estrategia: ser «una buena chica», dulce, tímida, sumisa, nada que ver con el león que bramaba en mi interior, ávido de carne humana.

De las tres estrategias que pueden adoptarse: rendición hiperreactivas o aversión a los compromisos, personalmente pertenezco a la primera, ser “una buena chica”

Ser sumisa hasta la extenuación era —como para tantas mujeres— una forma de camuflarme para que los hombres me quisieran, mientras el resentimiento y el desprecio iban ocupando cada vez más espacio dentro de mí. Incluso ocultaba mi inteligencia o cualquier cualidad que pudiera ser tomada por el otro como una insubordinación. Me hacía la tonta, literalmente. Hasta que el león saltaba al cuello de mis parejas, y estas veían a una Isa muy diferente a la inocente chica callada con cara de niña buena que atendía a todos sus deseos. Veían a una Isa enfurecida y locuaz, capaz de exponer punto por punto todas las injusticias cometidas, y perfectamente independiente, un espíritu libre que podía vivir sin ellos.

Recuerdo que mi segunda pareja, cuando lo dejé, me dijo: «Pero ¿qué vas a hacer sin mí? Si ni siquiera eres capaz de hacerte una tortilla». Hasta ese punto le había ocultado mis capacidades. Pero no veas si he hecho tortillas en mi vida. De este modo, la estrategia pasiva del comienzo de mis relaciones fue variando a otra más reactiva, con lo que empecé a establecer con mis parejas luchas de poder, en que nos turnábamos en los papeles de «sometido» y «dominante».

Fui variando la estrategia con mis parejas, turnándonos en los papeles de sometido y dominante. Hasta mi crisis de los cuarenta, dónde me di cuenta de la desconexión de mí misma

Para mí la crisis de los cuarenta consistió en darme cuenta de hasta qué punto estaba desconectada de mí misma y volcada en los demás o —en su defecto— en luchas de poder con mi pareja. No era ni capaz de saber cuándo me apetecía hacer el amor. Recuperar el contacto con mis apetencias, atender a mis propias necesidades, expresárselas a los demás, escuchar a mi cuerpo, recuperar el placer de los sentidos… ha sido uno de mis principales focos de atención en los últimos diez años. Creo que mi sensación anterior de estar «amputada» (física y emocionalmente) tenía que ver con el esquema del sometimiento. Nunca es tarde, pero… ¡cuánto tiempo perdido!

Mi sensación de estar”amputada” tenía que ver con el esquema de sometimiento

Sigo trabajando en ello, y también en que mis hijos sepan lidiar con un esquema que, sin poder evitarlo, les he transmitido, al ser demasiado controladora y dominante con ellos y, simultáneamente, no sabiendo poner límites claros. Uno de ellos ha desarrollado la estrategia de la rebeldía y es un espíritu libre. El otro, la estrategia de la pasividad: es un «buen chico», muy dulce, que quiere agradar a todo el mundo. Espero también estar aportándoles la composición del antídoto: la consciencia.

La forma de salir del esquema de sometimiento consiste, en primer lugar, en conectarse con el resentimiento y la frustración a propósito del hecho de ser controlado. Asimismo, es necesario afirmar los propios sentimientos, necesidades y apetencias, para que las relaciones se equilibren y para ser tomado en cuenta por los demás.

La forma de salir de este esquema es estar conectado con los propios sentimientos, qué mejor compañeras de viaje que la escritura y la meditación

La meditación y la escritura no pueden ser mejores compañeras de viaje para ir localizando las viejas heridas infectadas, curándolas, dejándolas secar al aire y para mirar al mundo con entereza y autonomía.

 

(Basado en el libro Alquimia emocional, de Tara Bennett-Goleman).

Posts relacionados: Los esquemas mentales I (El abandono), Los esquemas mentales II (La carencia).

 

5 opiniones en “LOS ESQUEMAS MENTALES III (EL SOMETIMIENTO)”

  1. Hola Isabel, gracias por éstos capítulos del libro, son interesantísimos; haría falta más difusión. Un buen trabajo el tuyo! Saludos. Cristina

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