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LOS ESQUEMAS MENTALES VI (LA EXCLUSIÓN)

Exclusión, adolescente escondido en un garaje

 

21 de febrero de 2019

No formo parte de

Según Tara Bennett-Goleman (en su libro Alquimia emocional), el lema del esquema de la exclusión es «No formo parte de». Este esquema gira en torno a la forma en que nos sentimos según nuestra posición en los grupos, ya sea en el trabajo, en nuestra familia, en nuestro círculo de amigos o, incluso, en una reunión o fiesta. La creencia central radica en verse a uno mismo como exterior al grupo, diferente y no deseado. Uno recibe el mensaje: «No eres como nosotros y no nos gustas». Esto le lleva a no actuar, lo que refuerza la sensación de exclusión. Las emociones que desata este esquema son la angustia y una profunda tristeza y soledad.

«No eres como nosotros y no nos gustas». Esto le lleva a no actuar, lo que refuerza la sensación de exclusión. -- Diario de emociones Clic para tuitear

Etapas de pertenencia al grupo

Este esquema empieza a tomar forma durante los años escolares, cuando integrar grupos y ser admitidos en ellos empieza a cobrar importancia en la vida emocional del niño. Ser alguien con quien los demás no quieren jugar puede resultar demoledor. La sensación de ser excluido también puede surgir cuando la familia de uno es de alguna manera distinta de las otras familias del barrio, o cuando cambia la dinámica familiar y, por ejemplo, el padre o la madre divorciado/a vuelve a casarse y forma una familia mixta con hermanastros en la cual el niño se siente dejado de lado.

El niño que se siente excluido puede tratar de adaptarse manteniéndose fuera o evitando voluntariamente el grupo que lo excluye; de esa manera, minimiza el dolor de ser rechazado expresamente.

En mi caso, la exclusión en el colegio venía ya cantada por todos mis mecanismos de defensa anteriores encaminados a aislarme de la violenta atmósfera familiar. De hecho, recuerdo mi sensación de exclusión ya en la guardería, con tres años, en que me sentaba sola en el jardín a jugar con las vainas de un algarrobo. Evocar esa imagen me hace sentir una profunda tristeza. En el colegio no hablaba con nadie, me excluí yo sola, porque no creía que nadie pudiera querer estar conmigo, me sentía demasiado despreciable. A partir de ahí, fue el infierno.

Evocar la imagen de la guardería sentada con tres años, sola en el jardín a jugar con las vainas de un algarrobo, me produce una profunda tristeza

El ‘acoso inexistente’ de los setenta

Todos los que hayáis sufrido acoso escolar ya sabéis lo que es eso. Más aún en los años setenta, en que la palabra «acoso» ni siquiera existía. Era algo que se daba por hecho. Burlas, insultos, agresiones, obscenidades… Así hasta que a los trece años decidí premeditadamente cambiarme a un instituto en que no me conociera nadie, para partir de cero. Creo que fue la mejor decisión de mi vida.

Cuando esa tendencia a ocultarse de los grupos o a permanecer en el borde se arrastra hasta la edad adulta, hace que la persona no se comprometa de formas que significarían su inclusión dentro de un grupo. La angustia que la persona siente por ser examinada o rechazada por alguna falta la vuelve socialmente torpe. En síntesis, el esquema de exclusión hace que actúe de manera tal que su creencia central —«No formo parte de»— se vuelva cierta.El esquema de exclusión hace que actúe de manera tal que su creencia central —«No formo parte de»— se vuelva cierta.-- Diario de emociones Clic para tuitear

Yo sí que arrastré esa tendencia, vaya si la arrastré. En la adolescencia y la juventud estuve en pandillas y grupos varios, aunque siempre bajo diversos disfraces camaleónicos para que nadie se diera cuenta de quién había debajo. Quien yo sentía que había debajo era una niña asustada que no podía asomar la nariz, porque si la asomaba generaría el desprecio ajeno, el mismo desprecio que yo sentía por ella. De este modo, he jugado a ser macarra, pija, intelectual, ultraizquierdista, sindicalista… y multitud de roles más en los que nunca me acababa de ubicar. Por más grupos por los que he pasado, nunca he acabado de sentirme incluida. Ni siquiera en los cumpleaños de los amigos de mis hijos; quizá ahí menos que en ningún sitio 😉.

 El aflorar los esquemas

Aún me ocurre que noto cómo aflora este esquema cuando voy a una fiesta (voy a pocas), cuando se presenta un libro de la editorial RELEE (si me toca hablar me ocurre más todavía), en los retiros de meditación, en los simposios, barbacoas, en los cursos de psicología contemplativa que coordino… En fin, en cualquier sitio en que se reúna un grupo, ahí estoy yo para sentirme excluida y sola. Y a la vez trato por todos los medios que no se me note, con lo cual lo que se nota es una rigidez a prueba de bombas. De ese modo, solo las personas que comparten mi intimidad, saben realmente cómo soy.

Cuando veo que alguien tiene este patrón, trato de reforzarle y apoyarle, y no siempre es fácil.

A lo mejor por eso me dedico a impartir clase y me interesa tanto la dinámica de grupos. Cuando veo que alguien tiene este patrón, trato de reforzarle y apoyarle, y no siempre es fácil. ¡Es tan evidente visto desde fuera que esa persona es totalmente digna de ser tenida en cuenta! Y, sin embargo, cuando uno está pasando por ello, supone un verdadero infierno, porque de verdad te crees que los demás te juzgan y están en contra tuya, hasta el extremo de que tu suspicacia acaba, efectivamente, enrareciendo el ambiente.

«No te tienes que creer todos los pensamientos que pasan por tu mente».-- Diario de emociones Clic para tuitear

A las personas que reconozcan este esquema, la atención consciente puede ayudarles a aliviar su desasosiego y permitirles alejarse de los pensamientos que las intranquilizan en las situaciones clave, como una fiesta. Pueden desafiar sus temores premeditadamente, esforzándose en iniciar conversaciones en lugar de rehuirlas o no evitar estas situaciones, aunque les hagan sentir incómodo. Se trataría de aprender a dominar la angustia para sentirte más relajado en cualquier grupo en el que puedas encontrarte. ¡Todo menos creerte de verdad que no vales la pena y que mereces que los demás no te quieran ni ver! Como decía no me acuerdo qué maestro: «No te tienes que creer todos los pensamientos que pasan por tu mente».

 

(Basado en el libro Alquimia emocional, de Tara Bennett-Goleman).

Posts relacionados: Los esquemas mentales I (El abandono), Los esquemas mentales II (La carencia), Los esquemas mentales III (El sometimiento, Los esquemas mentales IV (La desconfianza), Los esquemas mentales V (La desvalorización).

 

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2 comentarios
  1. Maribel 05/03/2019

    Querida Isa, no me sentía excluida en la infancia, tan solo exiliada. Mi defensa : el problema era de los otros. Eso me ayudó a vencer la timidez y disfrutar de la soledad. Ahora, en nuestro grupo de meditación me siento cómoda y feliz. Siento lo que nuestra maestra nos señala: Apreciación. Y yo te miré el otro día y me vi reflejada en el espejo de mi niñez. Cariño, te queremos y apreciamos tal como eres. Abrazos amorosos

    Responder
  2. marusela 05/03/2019

    Qué triste. Sin embargo, yo creo que es mucho más frecuente de lo que podemos pensar.
    Mucho ánimo.
    Un beso.

    Responder

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