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ESTA BENDITA RABIA

Cara gritando de rabia y pegando un puñetazo

12 de febrero de 2019

La rabia y la culpa, conexión descontrolada

La rabia es una emoción con la que siempre me he llevado mal. Desde pequeña he tratado de ocultarla debajo del mutismo, de una sonrisa, del sometimiento, del aislamiento, de la evasión, de la desconexión… Los ataques de ira que a menudo he tenido con mis hijos (siempre con los más débiles, nunca con los más fuertes) tenían que ver con una rabia que no había sido detectada a tiempo y, por tanto, se descontrolaba y explotaba en la dirección errónea.

Y es que la rabia, en mi caso, va unida a un inmediato sentimiento de culpa. De pequeña sentía que no había hueco para mi rabia, ya había demasiada rabia a mi alrededor y además me sentía culpable de generarla, solo por el hecho de existir. Aparte, la rabia ajena dirigida hacia mí siempre me ha dado miedo, y también me he sentido culpable de generarla.

Cultivando emociones superpuestas

Con este plantel, lo mejor era fingir que esta era una emoción inexistente. Después de muchos años de cultivar la atención, empecé a pillarme inventando emociones superpuestas (empatía, compasión, etc.) cuando por debajo latía una bomba de rabia. Pero, en las pocas ocasiones en que la detectaba, no sabía qué hacer con ella. Era una patata caliente que, en lugar de lanzarle al otro a la cara (la reacción habitual), dejaba que me abrasara las manos.

Estoy rabiosa con mi familia, que grabó en mi cabeza con un hierro candente el mensaje de la invalidación y la culpa, lo que ha marcado toda mi vida con un sufrimiento desmesurado

En las últimas semanas estoy rabiosa. Estoy rabiosa con mi familia, que grabó en mi cabeza con un hierro candente el mensaje de la invalidación y la culpa, lo que ha marcado toda mi vida con un sufrimiento desmesurado. Estoy rabiosa con los ancestros de mis padres, con su orfandad y con sus diversas vicisitudes, que a su vez marcaron su mente. Estoy rabiosa con mucha gente que ha pasado por mi vida haciendo más profunda y dolorosa la huella del hierro. Estoy rabiosa conmigo misma por no haber visto las cosas hasta que el daño ya estaba hecho.

Ruegos

Y espero, ruego a los budas y bodisatvas, a las dakinis y a los protectores del dharma, que esta bendita rabia —que proviene de ver una parcela de realidad que me negaba a ver— sirva para un buen fin, para no volver a dar a los demás el poder de dirigir mi vida. Para responsabilizarme de mis actos y de mis problemas. Para no ir mendigando más el amor de mis semejantes. Para no hacerme dependiente de quien me quiere como una niña pequeña. Para poder mirar de igual a igual, de adulto a adulto, a todas las personas con las que me relaciono.

Que así sea.

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