LOS ESQUEMAS MENTALES V (LA DESVALORIZACIÓN)

Esquema de la desconfianza, niño escondido tras cojines

08 de febrero de 2019

No resulto interesante

Según Tara Bennett-Goleman (en su libro Alquimia emocional), la afirmación automática del esquema de la desvalorización es «No resulto interesante». La emoción que acompaña a este pensamiento es la vergüenza y el sentimiento es el de humillación. En el centro de este esquema subyace la sensación de ser imperfecto; es decir, de que alguien que vaya a conocerte como realmente eres te encontrará defectos imperdonables (a este esquema se le llama también «defectuosidad»).

Esa sensación de ser de algún modo imperfecto y de no ser merecedor de amor muy a menudo fue inculcada por padres que fueron hipercríticos, insultantes o desvalorizadores. El mensaje de «No eres lo suficientemente bueno/a» (que no tiene que haber sido necesariamente articulado en palabras, sino que puede haber llegado a través de gestos de disgusto o desdén, frialdad, indiferencia, tono de voz sarcástico, etc.) llena el pequeño mundo del niño, y en su memoria se graba esa imagen horrible de sí mismo, que nada tiene que ver con sus cualidades o valores reales.

El mensaje de «No eres lo suficientemente bueno/a» llena el pequeño mundo del niño

De mayores, las personas que sufren este esquema sienten una profunda vergüenza con el solo pensamiento de que sus debilidades sean expuestas al mundo. Lo que sienten como defectos se localiza muy profundamente en su interior, y tienen la sensación de que, cuando alguien las conozca en profundidad, sus imperfecciones saldrán a la luz y serán rechazadas. Albergan el siguiente pensamiento: «Si llega a conocerme de verdad, me odiará».

Un esquema, dos patrones

Se dan dos patrones principales en este esquema.  Algunas personas se abandonan a este sentimiento de ser indignas de amor, pierden la confianza y sienten que hay algo en ellas que las hace profundamente inaceptables. Esto las lleva a esconderse y no revelar sus sentimientos o pensamientos, a no darse a conocer. Si abordan una relación, la viven amedrentadas por el temido momento en que serán inevitablemente rechazadas. Ante el otro, puede aparecer un yo falso y hueco, construido para ocultar sus sentimientos de desvalorización.

Otras personas se esconden detrás de una arrogancia que les hace verse mucho mejores de lo que en realidad se sienten. Hacen grandes esfuerzos para buscar la adulación. A veces alcanzan reconocimiento público, en parte para mitigar la sensación subyacente de imperfección.

¿Cuál es tu esquema de desvalorización?

Personalmente, pertenezco más bien al primer tipo de personas, el de las que se sienten inaceptables, aunque, como buena géminis, también a veces paso al otro extremo, el de creerme la reina del mambo para compensar. Pero la norma en mi vida ha sido sentirme profundamente inadecuada e indigna de amor. Hasta tal extremo me desvalorizaba, que de pequeña ni siquiera me atrevía a hablar, porque si hablaba, todo el mundo se daría cuenta de lo estúpida que era. Con el tiempo fui superándome, ¡y hasta llegué a ser profesora! No obstante, durante años y años he sufrido en mi profesión el síndrome de la «estafadora», pensando que en algún momento mis estudiantes se darían cuenta de que en realidad yo no tenía absolutamente nada que ofrecerles.

En la intimidad de la pareja, este sentimiento de vergüenza se recrudecía, hasta el extremo de bloquearme totalmente en muchas ocasiones y parecer en verdad una mujer extremadamente disminuida. Recuerdo esta sensación mucho más intensa en los viajes, en los que me encontraba fuera de mi entorno habitual, controlado, y de mis enclaves de poder y, por tanto, me parecía que tenía que dar la talla por mí misma. En esas ocasiones, era incapaz de articular palabra a lo mejor durante horas, o incluso a lo largo de un día completo. Cada palabra que iba a salir por mi boca me parecía tan estúpida, aburrida o inapropiada que me la volvía a tragar. Si en esas situaciones la otra persona emitía el más leve signo de desdén, entonces era cuando me atravesaba como una espada el sentimiento de humillación, en realidad muy saludable, porque algo clamaba en mi interior que por más que me comportase de aquella manera, eso no quería decir que fuese indigna, por lo que nadie tenía derecho a tratarme de esa forma.

Nos resulta difícil ser auténticas y abiertas en nuestras relaciones, e incluso aceptar que nuestra pareja nos ama como somos

A las personas que sufrimos este esquema, nos resulta difícil ser auténticas y abiertas en nuestras relaciones, e incluso aceptar que nuestra pareja nos ama como somos. Los signos de que la desvalorización guía nuestras reacciones pueden ser tanto una profunda tristeza cuando uno está solo como pensamientos referidos a que nadie querría estar con nosotros. Otro signo sería que nos degrademos ante otros o ante nosotros mismos.

Signos del esquema de desvalorización

Los signos del esquema de desvalorización son más sutiles que los de los otros esquemas, por lo que la atención consciente es especialmente útil para detectarlos y encauzarlos.

Hace pocos días me he dado cuenta de algo muy revelador en relación con este esquema, que llevo tan enraizado que siempre, permanentemente, hay un poso de invalidación en mi interior. Cuando ese poso se remueve (y esto puede pasar por cualquier tontería, como por ejemplo que algo haya salido mal en el trabajo) afloran sensaciones físicas y emocionales muy intensas y desagradables.

Se trata de una profunda aversión a mí misma, acompañada a veces incluso de náuseas o harcadas. En ese momento, mi mente busca alguna forma de equilibrar eso, normalizarlo, entenderlo, encasillarlo, controlarlo. Y ahí es donde recurre a todo tipo de pensamientos desvalorizantes: «Nunca te saldrá nada bien», «Eres un desastre», «Cómo alguien te puede querer», «En realidad están contigo por pena», etc. Eso te tranquiliza de alguna manera, porque tu mente se alinea con tus emociones y con tu cuerpo, aunque sea a costa de tu dignidad. Parece que fuese mejor creer que realmente eres una mierda que sentir unas sensaciones tan desagradables que te asaltan sin razón aparente.

Tener cerca a alguien en el momento en el que percibes esa sensación desvalorizadora,  puede resultar de ayuda al recordarte que eres perfecta con todas y cada una de tus imperfecciones

Pero si en el momento en que percibes —gracias a la práctica de la atención consciente— esas sensaciones físicas y emocionales y ves cómo tu mente empieza a generar pensamientos de desvalorización, no les sigues el juego, y entiendes que esas sensaciones no están ahí porque tú seas un desastre, sino porque de pequeña te lanzaron reiteradamente un mensaje hipercrítico y desvalorizador… entonces puedes detener un proceso o una crisis que de otra forma podría durar horas, días o semanas. También ayuda tener a alguien cerca (tu pareja, tus hijos, algún amigo o amiga) a quien puedas confiarle tus sentimientos y que te recuerde que no se basan en la realidad, porque la realidad es que eres perfecta tal como eres, con todas y cada una de tus maravillosas imperfecciones.

(Basado en el libro Alquimia emocional, de Tara Bennett-Goleman).

Posts relacionados: Los esquemas mentales I (El abandono), Los esquemas mentales II (La carencia), Los esquemas mentales III (El sometimiento, Los esquemas mentales IV (La desconfianza).

 

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