LOS ESQUEMAS MENTALES IV (LA DESCONFIANZA)

Un gato que mira con desconfianza

31 de enero de 2019

Según Tara Bennett-Goleman, la frase que tipifica la creencia del esquema de la desconfianza es «No se puede confiar en la gente». La emoción que surge con ese pensamiento es la rabia, la cólera. Las personas que sufren este patrón están constantemente alerta, temiendo que la gente vaya a aprovecharse de ellas de algún modo o que las traicionen. En consecuencia, les cuesta mucho acercarse o abrirse a los demás aunque, paradójicamente, suelen juntarse precisamente con personas que confirman sus peores miedos, involucrándose en relaciones con gente que las maltrata.

La desconfianza: respuesta positiva en la niñez a un miedo genuino

Este esquema se suele originar por haber sufrido abuso o por haber sido de algún modo maltratado física, emocional o sexualmente en los primeros años de vida. El esquema de la desconfianza difiere de la mayoría de los otros en que, en él, el padre, la madre o alguna de las personas más cercanas al niño es intencionadamente hiriente o cruel. Dada una realidad tan terrible en la vida de un niño, la desconfianza puede ser una respuesta positiva a un miedo genuino: la gente significativa en la vida de uno no es fiable y, para sobrevivir, es necesario desarrollar un radar social.

Este esquema es especialmente dañino porque se fundamenta en que las personas más cercanas al niño fueron intencionadamente hirientes o crueles

Cuando se ve la vida a través de la lente deformante del esquema de la desconfianza, las relaciones pueden parecer un terreno peligroso, un lugar donde la gente alberga secretamente la intención de herirnos o de aprovecharse de nosotros. Estas sospechas pueden llegar a hacernos ver de forma distorsionada lo que la gente dice o hace, para detectar en ello lo que parece ser una traición. Uno siente que ha de estar siempre alerta, atento, para defenderse de los demás.

Hay varias modalidades a las que puede conducir este esquema. En una de ellas, la persona ve a todo el mundo con una suspicacia tal que se aparta de cualquier relación fiable. En otros casos, al principio idealiza a la otra persona como si fuese protectora, pero luego reacciona ante cualquier aparente traición, volviéndose contra esa persona. Otra variación es la de quien se entrega a una serie de relaciones, cada una de las cuales repite las situaciones de maltrato.

Error en el radar de personas confiables

¿Cómo iba a distinguir entre aquellos que me podrían hacer daño y los que no, si con lo que estaba familiarizada desde niña era con la crítica, el desprecio, el ataque, la culpabilización y la indiferencia?

Personalmente, tengo este esquema bastante desarrollado en mi interior. Al haber tenido de pequeña al enemigo en casa, en el lugar donde habría de haberme sentido segura, amada y protegida… ¿cómo podía confiar en los demás a lo largo de mi vida? Pero, lo que aún es peor, ¿cómo iba a distinguir entre aquellos que me podrían hacer daño y los que no, si con lo que estaba familiarizada desde niña era con la crítica, el desprecio, el ataque, la culpabilización y la indiferencia? Además, parece ser que el cerebro humano, en estos casos, trata de reproducir de nuevo las mismas situaciones para, infructuosamente, darles un final feliz. A lo largo de mi vida, he ido escogiendo parejas que me trataban mal en algún sentido, y tratando de «reformarlas» para que me trataran bien, lo cual resultaba inviable.

Cuando, ya en la cuarentena, creía que me había curado de llevar este tipo de relaciones dolorosas y frustrantes y que había dado con una persona maravillosa que me quería horrores… resultó ser alcohólica, oh sorpresa.

Cuando después de años de reestructuración interna apareció, ya sí, por fin, el amor de mi vida… resultó estar mucho peor que yo y me condujo de nuevo a la desesperación, abandonándome pero sin querer dejarme ir del todo a lo largo de tres años de separación agónica, otra forma más sofisticada de maltrato.

Durante muchísimos años he tenido estropeado el radar para detectar a las personas confiables, dejándome maltratar a menudo

Y es que durante muchísimos años he tenido estropeado el radar para detectar a las personas confiables, dejándome maltratar por algunos individuos, de quienes buscaba desesperadamente reconocimiento y amor, mientras que era incapaz de valorar, cuidar —y a veces ni ver— a otras personas que me mostraban —o podían mostrarme— su cariño incondicional.

Cuando te pasa todo esto… ¿cómo confiar en los demás? Y, lo primero, ¿cómo confiar en ti misma, en tu intuición? Es como andar por un campo minado.

Conectar de nuevo con la consciencia gracias a la meditación

Recuerdo una pesadilla que tenía recurrentemente de muy pequeña (con cuatro o cinco años) cada noche durante años. El mundo consistía en una cama enorme cubierta por un edredón, por el que caminaba la gente. En el cabecero de esa inmensa cama había en lo alto una presencia, alguien que nos observaba pero con quien yo no tenía conexión alguna (me producía miedo). Todos caminábamos por el edredón, no podíamos dejar de caminar (eran las reglas del juego), y tenías que agarrarte de vez en cuando de la mano de alguien. Pero no sabías si cuando lo hicieras todo iba a explotar por los aires, y morirías, o no, a lo mejor no pasaba nada. Así que yo caminaba horrorizada, porque no sabía qué podía pasar cuando le cogiera la mano a alguien. Cuando lo hacía, a veces todo explotaba, y en esas ocasiones me despertaba aterrorizada, sudando y llorando. Hasta hace muy poco no he entendido esa pesadilla: ahora sé que tenía que ver con el esquema de la desconfianza. Y esa presencia con la que yo no tenía conexión era la consciencia, con la que gracias a la meditación he ido conectando poco a poco, y que me ha permitido superar en buena medida este esquema.

La meditación me ha ido conectando poco a poco a la consciencia y me ha permitido superar en buena medida este esquema

A día de hoy sigo sintiendo desconfianza de forma permanente (sigo llevando la alerta incorporada), pero sé distinguir más fácilmente a las personas confiables y, desde luego, es de ellas de las que me rodeo, empezando por mi pareja. Soy más capaz de relativizar, por tanto, los pensamientos que me hacen creer que las personas me van a traicionar, porque ya veo que no coinciden con la realidad.

Porque para superar este esquema lo más importante es crear relaciones con personas en las que se pueda confiar genuinamente. Para distinguir este tipo de relaciones, quizá sea necesario trabajar —el tiempo que haga falta, porque tu dignidad y tu bienestar están en juego— con un terapeuta en quien puedas confiar. Por su parte, la meditación o la atención consciente puede ayudarnos a percatarnos de nuestra tendencia a distorsionar las acciones de los demás o de aceptar como normal la traición, y de este modo desafiar este tipo de pensamientos para llegar a confiar más en las relaciones cercanas o no sentirnos atraídos por personas que nos puedan maltratar.

(Basado en el libro Alquimia emocional, de Tara Bennett-Goleman).

Posts relacionados: Los esquemas mentales I (El abandono), Los esquemas mentales II (La carencia), Los esquemas mentales III (El sometimiento).

 

4 opiniones en “LOS ESQUEMAS MENTALES IV (LA DESCONFIANZA)”

  1. ¡Qué claridad y qué sinceridad para explicar (e ilustrar) este esquema mental, Isa! Muchas gracias por compartir. Tanto me he reconocido, que ya me bajé el libro de Tara Bennett-Goleman. (Más material para futuras pláticas 😉

    1. Hola, Adela,

      Muchas gracias por tus palabras :-). Me alegro de que te hayas bajado el libro. Es estupendo, ciertamente :-). Estaba descatalogado, pero parece ser que lo van a volver a publicar.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

  2. Muchas gracias Isa. Una vez más me llega algo tuyo en el momento oportuno. Estoy trabajando en la construción de un personaje para la próxima sesión y al leer tu texto veo una constante en su historia, la desconfianza, que había pasado por alto y que está presente en su vida. Gracias de nuevo por compartir, eres un sol🤗😘

    1. Gracias a ti, Lely. Me alegro de que te haya servido el artículo para tu personaje :-). Es que mi cabeza está llena de personajes… ;-D

      Un abrazo fuerte,

      Isa

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