QUIERO VOLAR: MI CLIENTE IDEAL

Mi cliente ideal. Mujer con paraguas lanzándose al vuelo.

7 de febrero de 2019

Estoy haciendo un curso de marketing y ventas con Laura Ribas. Me resulta muy extraño esto de hacer un curso para aprender a «venderme», pero tengo claro que si alguien puede conseguir que yo dé importancia a esa parte de mi negocio (y sé que realmente la tiene) es ella.

Uno de los módulos está dedicado a «tu cliente ideal», y entre otras cosas había que hacer el ejercicio de meterte en la cabeza de la que consideras que es la persona perfecta que quieres que se acerque para probar lo que ofreces, y transcribir su monólogo interior. Yo me he imaginado a una mujer de cincuenta años llamada Aurora, funcionaria. Cuando me he asomado a su cabeza, esto es lo que estaba ocurriendo:

Hoy Manuel me ha vuelto a hacer lo mismo. ¿Por qué me desprecia? Le he contado lo de que quería apuntarme a un curso de Escritura y Meditación y me ha mirado de «esa» forma, con esos ojos como diciéndome: «¿Tú te crees que por mucho taller al que te apuntes vas a ser algo más que una cincuentona aburrida y arrugada?». Y posiblemente tiene razón, porque después de tantos años yo no le veo mucha salida a esto, la verdad. Me creía que lo de tener hijos iba a ser la solución, que me iban a dar la oportunidad de dar rienda suelta a todo este amor que llevo dentro… Y Paola y Martín son muy majos, pero no me han solucionado este vacío interior, la verdad. Cuando era pequeñita ganaba premios literarios en el colegio, y durante toda la juventud llevé ese diario que nadie ha leído, pero ¿a quién le iban a interesar todos estos devaneos que ahora quiero retomar? No sé, pero es que cuando vi «escritura» y «meditación» algo hizo «clic» en mi cabeza. Y la mirada de Isa Cañelles… No sé, es como triste, ella ha tenido que pasarlo bastante mal en su vida, la verdad, o eso parece por los artículos de su blog. Y es que a mí me pasan esas cosas que ella cuenta también. Toda la gente que veo por la calle, mi marido, mis hijos, las amigas, yo incluida… parece que todos vivimos en un engaño, nadie es capaz de admitir que esto es una auténtica MIERDA. Que el tiempo nos va deshollando poco a poco y nosotros desperdiciamos cada momento de nuestra vida dejándolo pasar en balde, pensando que en el siguiente instante, en la siguiente hora o el próximo mes seremos más felices, que eso que anhelamos tanto (pero que ni siquiera sabemos qué es) llamará a nuestra puerta y nos dirá: «Por fin estoy aquí, cariño, ven conmigo y ya no te tendrás que preocupar más».

Pero, bien mirado, esa que llamará a mi puerta será la muerte. Nadie más lo hará si yo no pongo las condiciones y voy a buscar mi propia suerte. Yo no quiero seguir participando de este engaño colectivo, de este fingir que lo que hacemos (los niños, las barbacoas, los viajes programados, las salidas a alguna exposición, las visitas al ginecólogo) fuesen muy importantes, como si nos fuese la vida en que Martín tenga partido este finde en las Rozas o en que tenemos que comprar una tostadora porque se ha estropeado la vieja. Todo esto son cosas que la mente se inventa para entretenernos. Yo creo que ha de haber algo más allá de toda esta mierda de pensamientos que invaden mi mente a cada instante. TIENE que haber algo más. Si no, sería como para suicidarse.

 En algunos momentos sueltos de mi vida tuve acceso a ese «algo», como aquella vez que estábamos en los Pirineos, y el aire era tan limpio, el cielo tan azul, las vistas tan impresionantes… Entonces esta mente que piensa, que no para de pensar, parecía tan pequeñita en comparación con algo mucho mayor a lo que de pronto tenías acceso, como si hubieran abierto las puertas de par en par de un salón nupcial cuando tú creías que estabas en la sala de espera del dentista. A eso me refiero. Mi intuición me dice que vivo en un lugar muy claustrofóbico pero que no es lo único que hay. Que tengo la posibilidad de cambiar de sitio, que puedo escribir historias, que me puedo emocionar de nuevo, que puedo mandar a la mierda a Manuel si lo considero necesario, o incluso seducirlo, que no tengo por qué ser la esclava de mis hijos, que en el trabajo no tengo que ser la «invisible», que al final todos (incluida yo) vamos a estar equivocados y que tengo más valor del que nos creemos…

No necesito tampoco ser la hostia, ni siquiera quiero su reconocimiento. Solo busco el mío, la sensación de que sí, que puedo hacerlo, que puedo dar el salto a lo desconocido, que confío en que alguien o algo me sostendrá si me atrevo a saltar. Sí, creo que me voy a apuntar, aunque me dé miedo. Creo que voy a confiar. Me da la impresión de que esta persona no vende aire, que detrás de esa cara un poco desvalida hay mucha experiencia y muchas ganas de transmitir esa experiencia a los demás. Y al menos tendré un grupo con el que compartir mis cosas, gente que me lea, que me atienda, a quienes le importen mis cosas, mi vida. Creo que es lo que necesito, cuidarme un poquito por fin. Disfrutar.

Aunque sé que lo pasaré mal también. Es normal sufrir un poco cuando se ha ido siempre con el paso cambiado. Volar duele, joder. Tenemos las alas atrofiadas. Pero a la vez, qué guay cuando despegas por fin, aunque te cagues de miedo. Sí, creo que me voy a decidir, creo que ahí encontraré un grupo por fin, que será como llegar a casa, porque este chalé de dos plantas no lo siento realmente como mi casa. Quiero mucho a mi familia, pero siento que ellos no saben realmente cómo soy, no tienen ni idea de que dentro llevo un pájaro que quiere volar.

QUIERO VOLAR. No soy una hormiga ni un topo ni una avestruz. No quiero seguir haciendo túneles bajo la alfombra para esconder la mierda. Lo que necesito es sacar la cabeza, respirar y desplegar las alas. Pero no para evadirme, sino para poder ver las cosas desde lo alto con más precisión. Quiero desarrollar visión de águila, que lo contempla todo de forma panorámica desde las alturas, pero también ve al pequeño ratón que sale de su madriguera. Siempre he sido muy observadora, desde pequeña.

No sé si lo que tengo que expresar le va a interesar a alguien, pero de momento me conformo con dejarlo salir. Y a lo mejor Isa me puede ayudar a darle forma, y a que a los demás les guste y, sobre todo, les sirva para no cometer los mismos errores. Tenemos que avisarnos unos a otros de este engaño universal, tenemos que sacudirnos unos a otros para despertarnos de la anestesia, para recuperar la sensibilidad de nuestros cuerpos y salir de la atrofia de nuestras mentes. No quiero morirme sin haberlo intentado, la verdad… Y al fin y al cabo es solo un fin de semana. Si no me gusta, pues nada, me vuelvo a casa, a lo de siempre. Pero he de intentarlo. Aunque a Manuel le joda y me diga que ese dinero lo necesitamos para la universidad de Paula. ¿Y el bono de socio de su sociedad gastronómica? ¿Y sus «salidas» nocturnas con los amigotes? ¿No me voy ahora a poder gastar yo 150 euros en un curso de fin de semana? Vamos, hombre, que le den por saco a Manuel.

Sí, señora, este será el primer paso, y el segundo será empezar a hablar, a expresarme, que todos sepan que no es tan fácil, pero que se pueden superar ciertas barreras, que aunque nos creamos una mosquita muerta porque eso es lo que nos han hecho creer desde niñas, existe el poder alquímico de la transformación, esa mosquita de pronto es un dragón de siete cabezas… La literatura yo creo que tiene que servir para eso, para las transformaciones, para las catarsis, para ser quien te salga de las narices. Por dios, qué ansias de libertad me han entrado. Sí, quiero ser libre, quiero salir de aquí y, sobre todo, no quiero seguir siendo cómplice de esta ignorancia que me rodea, de esta tela de araña pegajosa que va convirtiéndonos en una especie de momias urbanas y urbanizadas encerradas en urbanizaciones. Pero vamos, que se acabó, que a partir de hoy se acabó. Empiezo apuntándome al curso y termino volando como el Ave Fénix, que sí, que sí, te lo digo yo… Hale, dale a «enviar» de una vez al formulario, aunque no sé qué le parecerá a Isa toda esta charla que le meto en la parte de «Comentarios». En fin, supongo que si vendes lo que vendes, te tienes que arriesgar a que venga tu cliente ideal con el rollo a cuestas, son gajes del oficio.

4 opiniones en “QUIERO VOLAR: MI CLIENTE IDEAL”

  1. ¡Muy bueno! Jajaja. Yo me veo bastante retrada en algunas cosas.
    Te toca ser alumna, así que aplícate, 😉
    Besos optimistas.

    1. Hola, Marusela,

      ¡Pues sí! 😀 Bueno, también soy alumna con mi maestra de meditación, así que no se me ha olvidado lo que es eso. Pero claro, lo de venderse… Uf… Voy a sudar la gota gorda, lo mismo que os hago sudar con vuestros proyectos ;-p

      Un abrazo, y gracias por leerme,

      Isa

  2. Cielos Isa, es fantástico! Tengo que releerlo pero ya te digo que mis incipientes alas se han movido un poquito con la primera lectura. Gracias querida por toda esa riqueza que compartes en tu vuelo.

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