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Desdoblamiento del narrador protagonista

Un personaje sobre el agua y su reflejo, el desdoblamiento del narrador protagonista

Cuando usamos un narrador en primera persona, el personaje ha de informar de una acción y a la vez, en la forma de hacerlo, exponer por medio de la voz su personalísima perspectiva del mundo y de dicha acción.

La forma pronominal del narrador

Eso le da doble fuerza expresiva al discurso (en la doble vertiente de narrador y personaje) y así se saca rendimiento a dicha forma pronominal.

El narrador protagonista sufre, pues, una especie de desdoblamiento, porque por un lado tiene que hacer las funciones de personaje (llevando el peso de la acción) y, por otro, las de narrador (contando lo que sucede de forma clara e intencional).

Pero eso solo cara al escritor.

El narrador protagonista sufre una especie de desdoblamiento,que si el lector percibe  es que algo ha fallado

Cara al lector todo ha de estar unificado; este ha de vivir personaje y narrador como si fuesen uno solo. Si el lector percibe ese desdoblamiento es que algo ha fallado. Es como si tu interlocutor de pronto pone voz de falsete, o se da aires de grandeza, o mira hacia otro lado al hablarte y tú sabes, entonces, que te está contando una mentira

Vicios de lectores

Es muy común que el autor escoja la primera persona para realizar una especie de interpretación de lo ocurrido de forma reflexiva, en abstracto, olvidando las acciones específicas y la concreción. Tenemos una enorme tendencia, que hemos de ir limando poco a poco, a explicar en lugar de mostrar.

Existen autores que escogen la primera persona para hacer una interpretación reflexiva de los hecho, sin concreción, a explicar en lugar de mostrar.

Me da la impresión de que es este un vicio que nos viene de la lectura. Lo que hacemos como lectores es interpretar una serie de acciones de los personajes y unos hechos concretos, y abstraer una serie de conclusiones. Y cuando nos ponemos a escribir creemos —de forma inconsciente— que es dicha interpretación la que hemos de hacer llegar al lector de una forma literal, directa. Cuesta mucho acostumbrarse a que nuestro deber, como autores, es hilar una serie de hechos de tal forma que el lector pueda interpretar aquel sentido profundo que queremos expresar. Hemos de tomarlo casi como una cuestión de honor.

A menudo aprovechamos la primera persona para trasladar al papel razonamientos y reflexiones, en lugar de hacer actuar al personaje, y la primera persona no está para eso en la narración

A menudo, pues, usamos la primera persona de forma equivocada. Aprovechamos que es el protagonista el que está experimentando lo que ocurre para trasladar al papel sus razonamientos y reflexiones, en lugar de ponerle a actuar. Y la primera persona no está para eso (aunque tampoco pasa nada porque de vez en cuando el personaje piense algo), sino para usar los matices de la voz narrativa y una focalización particular (la del personaje) sobre los HECHOS. Pero no hemos de olvidar que son esos hechos los que hemos de narrar, y no lo que piensa el personaje sobre ellos. En la misma forma de narrarlos irá la información necesaria para percibir la mirada particular que los está enfocando.

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