fbpx

Post - Título oculto

La voz que narra

Micrófono para dar voz a la narración

La propia voz, alejada de lo literario y los artificios

A veces el aprendiz de escritor tiene cierta noción de lo que es el «lenguaje literario», y trata de usarlo. Hay que ir despojándose de esas ideas erróneas de lo que es o no es literario hasta ir encontrando nuestra propia voz, nuestro estilo, aquel que mejor se amolde a lo que queremos expresar, un estilo flexible y sin artificios que se adapte a nuestros personajes y a nuestros narradores.

El narrador ha tener la autoridad suficiente para que el lector se crea lo que le están contando y la humildad de saberse un mero artesano de las palabras. Ese equilibrio entre cierta presunción (la de quien tiene cosas muy importantes que contar) y la humildad de un obrero de la construcción es lo más difícil de alcanzar en literatura, y tiene que ver con la naturalidad de la voz que narra.

La intención de la voz narrativa

La voz narrativa constituye alrededor del setenta por ciento de la eficacia de un relato, salvo cuando se usa un narrador cámara, en cuyo caso el peso que suele llevar la voz se traslada a las imágenes, acciones y diálogos.

Pero creo que no hay que fijarse tanto en cuestiones como el vocabulario, el ritmo o la sintaxis (que se pueden revisar a posteriori) sino en la INTENCIÓN, transportada en el tono, la expresividad, la pulsión emocional. Si escribimos un guión cinematográfico, por ejemplo, la voz ha de ser lo más impersonal posible (de hecho el error que suelen cometer los escritores de ficción que se ponen a escribir guiones es que cargan la voz de intención, lo que dificulta luego el trabajo a todos los que han de trabajar con el guión). ¿Por qué? Porque todos los matices relacionados con la intención ha de aportarlos el director, los actores, el director de fotografía, el montador, etc.

La voz del narrador es quien lleva la carga, quién focaliza y establece una intencionalidad determinada en la acción, los personajes, la trama. 

Esa carga, sin embargo, en la literatura la lleva la voz del narrador. No es ya un buen recurso para transmitir la historia; es esencial contar los hechos con una focalización y una intención determinadas. Cuando el narrador está cerca de un personaje, ha de impregnarse de su punto de vista y de su manera de entender lo que ocurre (incluso si está lejos, ha de tener los suyos propios). Narrador y personajes son seres humanos, no robots. Al lector le interesa saber lo que ocurre, claro, cuáles son las acciones y reacciones de los personajes, pero también cómo lo viven, qué enfoque particular tienen sobre los hechos.

John Gardner, en su libro El arte de la ficción, habla de cómo enfrentarse a la descripción de un granero. Una descripción es lo más «neutro» narrativamente que nos podemos encontrar, y sin embargo no ha de tener nada que ver expuesta por un niño que por un viejo, por alguien a quien se le acaba de morir un ser cercano que por una recién casada, por un astronauta que por un carpintero.

En literatura siempre se está señalando, por debajo de las palabras, a un mensaje existencial. ¿Cómo vivimos? ¿Por qué? ¿Qué nos pasa? ¿A qué viene que el ser humano esté en conflicto permanente? Esto tiene que ver muchísimo con la voz. El mismo hecho no tiene nada que ver transmitido de forma irónica que trágicamente, y nuestros narradores se tienen que pringar, siempre para dar la mayor fuerza posible a la trama elegida, a lo que en el fondo se quiere transmitir. Por eso, es importante flexibilizar nuestra voz como escritores y ser capaces de meternos —a saco— en la piel de nuestros personajes. Es una opción —en cada relato que uno comienza— vital, ideológica, trascendente: es lo que queremos decir con lo que estamos diciendo.

Es importante flexibilizar nuestra voz como escritores y ser capaces de meternos en nuestros personajes: es lo que queremos decir con lo que estamos diciendo

Así que no se trata de quedarse en lo superficial (vocabulario, ritmo…), sino de ir al fondo de la cuestión, de pringarse en cada línea de lo que uno cuenta, de desnudarse a través de los personajes y convertirlos en seres humanos completos que transmitan no solo lo que viven, sino cómo lo viven.

Igual peco de extremista, pero creo que más vale entender el fondo para encontrar la forma.

 

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicado. Los campos obligatorios están marcados como *



doce − 8 =

¿Quieres eprender a escribir y meditar?

Suscríbete y recibirás gratuitamente una guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños

¿Quieres conocer mis cursos?

¿Quieres aprender a escribir y meditar?

Suscríbete y recibirás gratuitamente una guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños