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EL TÚNEL DEL TERROR: EL FIN DEL RETIRO

Fin del retiro de meditación. Seis personas sentadas en circulo en postura de meditación.

 

Ávila, 14 de agosto de 2018

Días de energía prestada

Último día de retiro. Entre medias, finalmente, no escribí. Quizá un retiro es demasiado íntimo para plasmarlo en un blog. Quizá es demasiado abstracto. O quizá, posiblemente, la mente se va configurando en otros planos vitales en que las prioridades cambian. Después de catorce días, me siento medularmente distinta. Se ha instaurado un ritmo distinto en mi cuerpo, más pausado, menos frenético, más sensitivo, menos mecánico. Sé que buena parte de lo que me pasa tiene que ver con la cercanía de mi maestra, como si viviera de energía prestada. Cuando nos separemos, mi cuerpo y mi mente entrarán en ciclos de intoxicación que le robarán parte de la energía y el lustre. Afortunadamente, solo parte; otra parte se quedará conmigo y podré —espero— irradiarla a los demás.

El segundo retiro: concentrado y retador

Este segundo retiro, de enseñanzas más avanzadas, no ha tenido nada que ver con el primero. El primero fue burbujeante, alegre, expansivo. El segundo ha sido concentrado, intenso, retador. Con la apertura de corazón, he visto más claramente mis patrones de conducta, esos que tanto me molestan: mi parte niña que, como un perrillo que mueve la cola, busca incansable las caricias de los demás; mi parte endemoniada, que siente envidia de los compañeros y piensa que la vida es un complot; mi parte introvertida, que solo quiere encerrarse en su cascarón a dormitar; mi parte vengativa, que quiere dar lecciones a los demás. Todas se congregan en la meditación como en un macabro baile de disfraces.

Respiro, y trato de no reaccionar con violencia sino con amor

Respiro, y trato de no reaccionar con violencia sino con amor. Y a medida que se afloja el sujeto o poseedor que todo lo aferra como si fuese de su propiedad, me entra el pánico de que ese esquema desaparezca. ¿Acaso hay algo más allá de coger y apartar en la vida? Si dejo que las presiones de fuera y mis diferentes personalidades vengan y vayan sin más, si no reacciono permanentemente a los estímulos externos e internos, ¿no se vendría abajo mi sistema de vida? ¿Acaso no es el control lo que mantiene todo pegado con una apariencia de normalidad? Es verdad que a la mínima se despega todo, pero al menos hay algo a lo que agarrarse.

El trabajo con la mente va haciendo su efecto[…] Hay algo calmo y apreciativo hacia cada instante de experiencia

Sin embargo, el trabajo con la mente va haciendo su efecto, y aunque quiera preocuparme muchísimo por las cosas de antes, no me sale. Hay algo calmo y apreciativo hacia cada instante de experiencia. Escribir o no escribir (o esa parte «constatativa» de la escritura) no tiene tantísima importancia, ni tampoco que las cosas se desarrollen de un modo o de otro. Vivir se parece a un baile más que a una carrera de obstáculos… y eso es precisamente lo que me aterra, tan acostumbrada a actuar con chutes de adrenalina y estrés. Si antes del retiro estaba tan preocupada por un montón de cosas (la economía familiar, los cursos del año que viene, la familia, mi estupidez e inadecuación, que no me quieran…) y ahora no… ¿eso no significa que en algún momento me van a asaltar todos esos monstruos con fuerza redoblada? ¿O quizá pueda tomarme la vida (venga como venga) de forma más tranquila?

Vivir se parece a un baile más que a una carrera de obstáculos

Estoy aterrada en un túnel oscuro intuyendo la inmensidad del espacio que me rodea, y a la vez me siento más valiente, dispuesta a enfrentar esta nueva etapa, mirando de frente a todos esos personajillos con los que me siento tan identificada y de los que se vale mi miedo al espacio para hacerme creer que hay un suelo sólido en el que pisar.

Estoy aterrada y tan agradecida a mi maestra… sin ella sería imposible atravesar con consciencia este túnel del terror que se va abriendo cada vez más hacia la libertad gracias a familiarizarme con las brujas, fantasmas y esqueletos que pienso que me van a comer.

Gracias, lama, que permanezcas siempre.

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3 comentarios
  1. marusela 15/08/2018

    Hola Isa, tengo un hijo que no suele felicitarse por los aciertos, sin embargo, los errores los tiene siempre presentes y convierte cualquier éxito en un justiprecio con el que se autoindemniza, lo cual es bastante perverso, creo yo. Leyéndote me he acordado de él. También he pensado en los deportistas a quienes acompaña el sufrimiento durante el entrenamiento, lo aceptan porque creen firmemente en la recompensa; serían la otra cara de la moneda. La cuestión, pienso, es tener puesto el punto mira en algo alcanzable, algo así como andar justo por el canto de la moneda.
    Veo la meditación como un camino en el que no existe meta, eso ¿la convierte en inalcanzable? La expansión de la mente es infinita, pero nuestro cuerpo tiene fecha de caducidad y el paso de los años nos lo recuerda. ¿Cómo lidiar con estas cuestiones? Quizá la meta que buscamos no existe y por mucho que entrenemos no la alcanzaremos, ¿es esta la verdadera postura antiego?
    No hace falta que contestes, me he dejado llevar y ya ves, 🙂
    Un beso.

    Responder
    • paco 16/09/2018

      “También he pensado en los deportistas a quienes acompaña el sufrimiento durante el entrenamiento, lo aceptan porque creen firmemente en la recompensa; serían la otra cara de la moneda”.

      Hola, Marusela. Comento tu comentario. 🙂

      Para la mayoría de los deportistas, los que nunca alcanzan a llegar el primero, el camino es al mismo tiempo la meta y la recompensa. Suelen decir que, en el deporte entendido de este modo, nunca se pierde.

      Los fracasos suelen ser el principal obstáculo para los que piensan que el objetivo es conseguir la gloria.

      A menos que seas un deportista que sufre una lesión importante o incurable y aún así no puedas reprimir el deseo de practicar tu deporte favorito, el concepto de sufrimiento que aparece en tu comentario me ha surgido traducirlo como “resistencia” o, llevándolo al terreno de los terapeutas, “resiliencia”, entendida como una respuesta compensatoria, protectora o como un desafío del medio en el que libremente se desenvuelve el deportista.

      Toda la Tierra se convierte en un campo de resistencia sin el cual el esfuerzo del deportista sería imposible o no tendría sentido. La inmensa mayoría de ellos no ganan nunca una medalla o una recompensa económica que les cambie la vida y sin embargo siguen entrenando su capacidad para vencer (o no) la fuerzas con las que se le opone la Tierra.

      Pero la simple y verdadera meta está mucho más cerca de lo que parece: es una adicción como otra cualquiera.

      Muy resumido, en este enlace:

      https://www.vitonica.com/wellness/las-hormonas-responsables-del-bienestar-tras-el-ejercicio

      Responder

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