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MAÑANA SERÁ OTRO DÍA (de meditación)

Altar de meditación preparado con los cuencos sagrados y la foto de los maestros encabezando el altar

Ávila, 2 de agosto de 2018

Meditación o aprender a “no irnos”

Primer día de retiro. Como de costumbre, he dormido fatal. La primera noche los pensamientos están dando bandazos en la cabeza como balones de fútbol que se hubieran vuelto locos. Ver a la gente que hace tanto que no veo, saber que tengo tantos días por delante para aprender, experimentar, escuchar a mi maestra en un entorno protegido… Hay mucha alegría, y también como una desazón, un hueco en el estómago y necesidad de rellenarlo. Es una sensación que tengo siempre, la famosa ansiedad, solo que normalmente relleno ese hueco como sea: trabajando, gritando a los niños, comprando compulsivamente, comiendo… Cuando estoy en un retiro, conscientemente he puesto los límites a la desaforada huida que suele ser mi vida. Como ayer dijo mi lama, «estamos aprendiendo a no irnos a otro lugar».

La meditación es un esfuerzo constante por volver, volver de dónde, a dónde[…] Cuando mi maestra toca el cuenco, me saca de un lugar que no sé cuál es, como si llegase de  un largo viaje

La meditación de la mañana es, pues, un esfuerzo constante por volver. ¿Por volver de dónde? ¿Por volver a dónde? Todo es muy confuso: el contacto con el complejo juego de espejos que es la mente. Cuando crees que has visto algo claro y quieres atraparlo, se desvanece. Menos mal que siempre me queda el soporte. Volver una y otra vez a él es como borrar el encerado. Puedo permitirme dejar marchar todas las elucubraciones, mis intentos de permanecer en un mundo comprensible, mi necesidad de controlarlo todo. La mente es de forma natural precisa de una forma que mi afán de control no admite, y así, se me pasa a cada instante la oportunidad de entenderlo todo de un modo experiencial. Cuando mi maestra toca el cuenco para indicar el fin de la meditación, me saca de un lugar que no sé cuál es, como si llegase de un largo viaje que he realizado narcotizada.

Cuando el espacio desprende luz

Entonces empieza a hablar, y cuando ella habla el espacio desprende luz. Ella personifica las instrucciones de meditación: una lucidez distendida. Algo tan aparentemente sencillo… y no me sale. Si presto atención, me tenso. Cuando empiezo a relajarme, me duermo. Pero es más fácil cuando ella está en la sala, como si sostuviera el espacio de mi mente, y entonces me puedo relajar un poquito.

Meditamos por la mañana y meditamos por la tarde. Durante por lo menos cuarenta minutos solos, luego llega mi lama de improviso y nos pilla in fraganti. Siempre nos pilla in fraganti, porque no solemos tener una meditación totalmente natural. Siempre hay algo impostado, rigidez en la postura, adormecimiento, distracción, evasión… Tendemos a estar siempre en un sitio diferente de la experiencia presente, cegados en algún sentido. Luego meditamos un rato con ella, cantamos canciones (un medio hábil para que las enseñanzas entren en nosotros más fácilmente), y en la última hora de la tarde la lama responde a preguntas que los estudiantes han dejado anotadas en los grupos de estudio. Las respuestas se convierten siempre en puertas que nos llevan a una comprensión mayor nuestra mente. Y a mí, personalmente, sus respuestas me llevan a perdonarme.

Cantar canciones es un medio hábil para que las enseñanzas entren en nosotros más fácilmente

El primer día suelo estar acartonada, y me doy cuenta de hasta qué punto me he puesto una coraza para sobrevivir en mi día a día, y eso me impide entrar en contacto real conmigo misma y con los demás. Sé que acabaré desprendiéndome de esa coraza a lo largo de estos días, pero de momento me aferro a ella como si mi vida dependiese de ello. Así que me voy a dormir agotada. Mañana será otro día.

 

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4 comentarios
  1. Vicente 09/08/2018

    Qué gusto poder seguirte en esas meditaciones tuyas. Un beso enorme, Isa.

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    • Isabel Cañelles López 15/08/2018

      Gracias, Vicente :-). La verdad es que es complicado “visibilizar” de alguna manera lo que uno percibe a través de la meditación. Todo un reto para un escritor 😉

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  2. Cristina González Banqué 13/08/2018

    Que maravilla Isabel…gracias por la valentía y claridad de mostrar en palabras lo que vivimos en este camino. Me reconforta sentirme identificada con lo que escribes. Quizas no ne recuerdes, nos vimos en retiro diciembre Avila y cene a tu lado en el restaurante.Gracias y un abrazo. Espero nos veamos pronto. Cristina.

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    • Isabel Cañelles 15/08/2018

      Sí que me acuerdo, Cristina :-). Muchas gracias por leerme y apreciar lo que cuento. No hay mayor satisfacción que lo que uno escribe le sirva a los demás. Espero también que nos veamos pronto. ¡No desesperes con la meditación! Es un camino arduo, pero merece mucho la pena seguir.

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