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El bloqueo del escritor

El bloqueo del escritor

Los bloqueos se suelen dar en las actividades que de verdad nos importan, en la comunicación con nuestra pareja o en la escritura, con la familia o al aspirar a un puesto más alto en el trabajo.

En cuanto a la escritura, el bloqueo no tendría tanto que ver con la falta inspiración o con un declive en la fuerza de voluntad, como con un estado mental y físico de tremenda tensión en el que choca el deseo o la necesidad —quizá desmedidos— de escribir con la incapacidad y el rechazo a hacerlo.El bloqueo del escritor

En la escritura, el bloqueo no tendría tanto que ver con la falta inspiración o la fuerza de voluntad, sino con un estado mental y físico de tensión.

Cuando estoy bloqueada pienso en escribir y siento ganas de vomitar. Las náuseas no se me pasan porque me ponga delante del papel y escriba unas frases, sino que aumentan. Escribir se convierte en una pesadilla, en algo que quiero y debo hacer, pero contra lo que todo mi ser se rebela.

Los síntomas se parecen mucho a cuando tenemos miedo, ¿no? Miedo a que no me quieran, miedo a que me recriminen, miedo a que no me lean, miedo a hacer algo fuera de lugar o a llenar la hoja de lugares comunes, miedo a la imperfección… Miedos viscerales que no nos permiten dar lo mejor de nosotros mismos y contra los que nuestra razón se rebela.

Los síntomas se parecen mucho a cuando tenemos miedo, miedos viscerales que no nos permiten dar lo mejor de nosotros mismos . Pero el bloqueo lo genera nuestra lucha encarnizada contra él.

Pero lo que realmente genera el bloqueo no es el miedo, sino nuestra lucha encarnizada contra él. Creo que una de las cosas que más nos cuesta en esta sociedad racionalista es unificar cuerpo, corazón y mente. Escindimos pensamientos y emociones y, como marionetas en un teatrillo de guiñoles, los ponemos a luchar. La razón me dice que tengo que escribir porque eso me llevará a ser alguien; Teatrillo de guiñolesel cuerpo y la emoción me dicen que nones, que da mucho canguelo escribir.

Si lo miramos a la luz del sentido común (más unificador que la razón) ambas partes en contienda saben lo que hacen. Es cierto que al escribir (al actuar, al existir) corremos el riesgo de que no nos quieran y de que nos recriminen, de meter la pata y de no ser perfectos, de sentir el peso de la edad y ver acercarse a la muerte con cada golpe de teclado. Y no es una mera hipótesis: seguro que nos pasa todo eso y mucho más.

Pero también es verdad que, a pesar de todo, escribir forma parte de nuestra vida, nos hace personas, nos saca de un automatismo enfermizo.

Escribir forma parte de nuesDeponer las armastra vida, nos hace personas, nos saca de un automatismo enfermizo, y superar el bloqueo consiste en admitir nuestros miedo y abandonar las armas, como parte consustancial al territorio a explorar.

Superar el bloqueo consiste, pues, en admitir nuestros miedos y en abandonar las armas. Están ahí, sí, pero no para herirnos sino como parte consustancial del territorio a explorar. Sin miedo no habría escritura, solo evasión. Sentir su aliento en nuestro cogote es el síntoma más claro de que estamos vivos y de que tenemos el coraje de seguir estándolo.

Todo esto se resume, para mí, en una frase que leí a Eloy Tizón: «Sé que mientras estoy escribiendo no puedo morir». En la misma escritura de esta frase se consigna la fusión del cuerpo, el corazón y la mente de un escritor. Ahí está el miedo, el terror más bien. Y ahí está —sin divisiones, pura trascendencia— la superación del miedo. Del bloqueo.

Se resume en una frase  de Eloy Tizón: «Sé que mientras estoy escribiendo no puedo morir».

Del libro ‘100 Recetas exprés para mejorar nuestros Relatos‘ de Isabel Cañelles de venta en Relee.

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