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El conflicto y sus alrededores

Una pareja entre manchas rojas se abraza, sombra observa al fondo, el conflicto

¿Cómo introducir el conflicto en la narración?

Un escollo recurrente de los alumnos es la forma de introducir el conflicto en una narración.

En general, conviene introducir el conflicto cuanto antes, aunque luego se vaya desarrollando poco a poco. De hecho, la medida del desarrollo la dará el mismo conflicto: cuanto más avanzada la historia se introduzca, pues, más se alargará el relato. No se trata de que al comienzo ya se entienda todo lo que le ocurre interiormente al personaje. Pero sí conviene dar las claves o indicios necesarios para que el lector se pueda representar su situación de partida.

¿Por qué es importante como se haga el desarrollo del conflicto?

Porque el conflicto está íntimamente relacionado con el tema. Por ejemplo, si en el tema en el que se quiere profundizar es el autoengaño, no tiene sentido que el lector esté interpretando la primera parte de la narración como una historia de amor. Se necesita todo el relato para circunscribir el tema y profundizar en él.

Se necesita todo el relato para circunscribir el tema y profundizar en él

Otra cosa importante a la hora de construir una historia es que no hay conflicto si el personaje no siente el conflicto. Todos tenemos muchos problemas y vicisitudes en nuestra vida, pero no tenemos un conflicto hasta que sentimos que algo no cuadra, que se establece una contradicción interna, como dos fuerzas que tiran en sentido contrario. De modo que el personaje ha de sentir (por mucho que se autoengañe y aunque sea de forma sutil) cierto descuadre, cierta contradicción que le haga reaccionar. Habrá algo que le empuje en un sentido, y algo que le lleve hacia el otro: es esta incomodidad la que hace que los hechos evolucionen de determinada manera. También es el chivato del escritor para desarrollar la narración. Todo lo que ponga de manifiesto y agudice el conflicto, será bienvenido, aunque las piezas no acaben de cuadrar (o de desvelar su cuadratura) hasta el desenlace.

No hay conflicto si el personaje no siente que existe, que algo no cuadra, una contradicción que le haga reaccionar

Por eso las introducciones son algo sobre lo que siempre hay que volver y revisar con atención. Cuando empezamos la narración nosotros mismos no sabemos cuáles serán exactamente los elementos más importantes del relato. Así que luego hay que ver si el principio que hemos escrito es verdaderamente el principio de la historia, si abordamos ya la temática desde la primera línea, si el lector puede ir interpretando de un modo coherente lo que va leyendo, si está equilibrada la información que damos con la que ocultamos, si podemos rescatar algún elemento (un objeto, un símbolo, un lugar…) que nos haya surgido a lo largo de la creación para introducirlo ya, camuflado, en el comienzo, etc.

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