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LOS ESQUEMAS MENTALES VIII (EL FRACASO)

El fracaso, post-it sobre la pantalla del ordenador

02 de Mayo de 2019

Según Tara Bennett-Goleman (en su libro Alquimia emocional), el lema del esquema del fracaso es «No soy lo suficientemente bueno/a para tener éxito». Las emociones que lo acompañan son la inseguridad, la angustia y la tristeza. El esquema del fracaso se desarrolla en el dominio del trabajo, de los logros y de la profesión. Se centra en la sensación de que los éxitos propios son inmerecidos o en que no podemos triunfar en nada por más que lo intentemos.

La semilla del fracaso

La semilla del esquema del fracaso la pueden haber sembrado padres excesivamente críticos que hacen que el niño se sienta un inepto. O puede provenir de la humillación constante a la que otros niños —hermanos o compañeros de colegio— te someten.

La semilla del esquema del fracaso la pueden haber sembrado padres excesivamente críticos que hacen que el niño se sienta un inepto. Clic para tuitear

El fracaso: dos modalidades

Hay dos modalidades en las que este esquema se puede desarrollar. En una, la persona, a pesar del constante miedo a fracasar, se exige en exceso para hacer las cosas bien. Esa combinación de miedo y autoexigencia puede conducir a tener éxito laboralmente pero sufrir el «síndrome del impostor». Aunque hagas bien las cosas y funcionen, sientes en lo más profundo del corazón que, a pesar de todo, lo que haces es un fraude, que tu éxito es un golpe de suerte o un error, y temes ser descubierto y quedar expuesto. Sientes que engañas a la gente haciéndole creer que eres más capz de lo que en realidad eres, y vives con el miedo de ser desenmascarado.

La otra modalidad de este esquema es el de la profecía autocumplida. Estás tan convencido de que vas a fracasar, que ni siquiera tomas las medidas adecuadas para tener éxito, o te comportas de tal manera que no cabe otra posibilidad que fracasar. Te vuelves receloso de probar nuevas capacidades o aceptar retos que podrían llevarte a triunfar, dejas las cosas de lado hasta que es demasiado tarde o te boicoteas a ti mismo para evitar el éxito.

En el de la profecía autocumplida estás tan convencido de que vas a fracasar, que ni siquiera tomas las medidas adecuadas para tener éxito. Clic para tuitear

¡¡No me libro ni de uno!

Personalmente, este es uno de los esquemas que más fuertemente me golpean (y mira que no me libro ni de uno ;-)). Estoy a caballo entre la primera y la segunda modalidad, aunque más cerca de la primera. Creo haber alcanzado aquello que mucha gente desearía: trabajar en lo que me gusta, poder ayudar a los demás, ser mi propia jefa, poder organizarme el tiempo a mi manera… Y, sin embargo, siempre está esa sensación interna de fracaso, de que todo se va a ir a la porra en cualquier momento, de que no voy a llegar a fin de mes, de que no me merezco lo que tengo y, sobre todo, de que alguien se va a dar cuenta en algún momento de que soy una auténtica estafadora. Tener treinta años de experiencia en lo que hago no es suficiente para convencerme a mí misma de que sé de lo que hablo, de que soy buena en lo mío y de que tengo derecho a que me paguen por ello.

Tener treinta años de experiencia en lo que hago no es suficiente para convencerme a mí misma de que sé de lo que hablo, de que soy buena en lo mío y de que tengo derecho a que me paguen por ello. Clic para tuitear

A veces, cuando me asaltan estos sentimientos, procuro atajarlos con «contrapensamientos». Me pongo a pensar en lo que las personas que trabajan conmigo —y a las que admiro y doy crédito—  me dicen. Luego pienso que estas personas no son estúpidas, y que si llevan años aprendiendo conmigo será por algo. Que dar fe a mis sentimientos sería quitarles el crédito a ellas. Y como eso lo veo absurdo y carente de sentido, entonces me relajo un poco en esos ataques a mí misma.

Otra cosa que me ha ayudado mucho es encontrar la forma de especializarme justo en todo lo que me hace sufrir. Resulta que mis aptitudes están en íntima relación con mi sufrimiento. Poder escribir este tipo de posts, trabajar con mis propios patrones en los cursos, poder empatizar con todas las personas que sufren como yo por este tipo de esquemas fraguados en una infancia en la que se cometieron tantas injusticias con nosotros… ha sido mi forma de desenmascarar a esos fantasmas y plantarles cara. Algo como: si no me puedo librar de ti, te usaré a mi favor.

Y, por último, me ha ayudado mucho tomar la firme decisión de dejar de boicotearme y trabajar esas áreas que siempre estaba evitando de mí misma para poder permanecer invisible y, por tanto, librarme de cualquier tipo de éxito y exposición a la crítica. Si he decidido ser emprendedora, y una de las áreas para poder alcanzar lo que deseo es visibilizarme… pues tendré que hacerlo. Tendré que dedicarle tiempo a desarrollar mi negocio, al marketing, a permitir que la gente me conozca, a esas cosas que llevo toda mi vida evitando. Creo que este era el último bastión del esquema del fracaso. El que más me está costando asumir y con el que peor lo estoy pasando. Paradójicamente, trabajar con ello es lo que también me está dando más fuerza y confianza en mí propio potencial. Desde enero tengo un post it pegado en mi ordenador. Dice así: «EXPOSICIÓN / VISIBILIDAD». Raramente lo miro (me asusta), pero sé que está ahí, y que cala en mí.

Sé que no he de creerme todo lo que me dicen mis pensamientos ni mis emociones Clic para tuitear

Todo esto no hace que deje de sentirme como una fracasada o como una impostora, pero la forma de relacionarme con esas emociones es muy diferente a como lo hacía hace años. Ahora sé que no he de creerme todo lo que me dicen mis pensamientos ni mis emociones. Y cada vez soy más capaz de sentir, por debajo de ellos, una base más profunda y calma en la que sí puedo reposar.

Así que si este esquema te resulta familiar, la clave para afrontarlo es cambiar las gafas distorsionadas con las que miras tus capacidades (y que te hacen pensar que no puedes triunfar) por otras más realistas. Seas de las personas que han tenido éxito pero sufren el síndrome del impostor como de las que han evitado triunfar a lo largo de toda su vida, no hay nada erróneo en ti ni una falta de aptitudes para desarrollarte en determinado campo con éxito.

Si este esquema te resulta familiar, la clave para afrontarlo es cambiar las gafas distorsionadas con las que miras tus capacidades por otras más realistas Clic para tuitear

Todos tenemos áreas en las que somos mejores que en otras. Trata de centrarte en lo positivo más que en lo negativo y no des por ciertas esas sensaciones de invalidación. La atención consciente puede ayudarte a dominar y desafiar la mortificación interna que tan fácilmente se apodera de tu mente, de manera que puedas evaluar con mayor precisión tus talentos y capacidades, y aceptar los logros que son verdaderamente merecidos. Nos veremos por el camino.

 

 

(Basado en el libro Alquimia emocional, de Tara Bennett-Goleman).

Posts relacionados: Los esquemas mentales I (El abandono), Los esquemas mentales II (La carencia), Los esquemas mentales III (El sometimiento, Los esquemas mentales IV (La desconfianza), Los esquemas mentales V (La desvalorización), Los esquemas mentales VI (La exclusión), Los esquemas mentales VII (La vulnerabilidad).

 

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4 comentarios
  1. elisenda 07/05/2019

    Muchas gracias por tu honestidad, Isabel!
    Tenemos muchos puntos en común en esto 😉
    Y sí, uno de mis retos tb está en la exposición/visibilidad

    Responder
    • Isabel Cañelles 08/05/2019

      Gracias por compartir, Elisenda :-). Mucho ánimo con ello, compañera 🙂

      Un abrazo,

      Isa

      Responder
  2. Heike 08/05/2019

    Muchas gracias por compartir. La verdad es que me siento muy identificada con ese esquema y llevo años intentando modificarlo. Y voy muuuuuy despacio…
    Me ha aliviado mucho saber que a ti tambien te cuesta lo tuyo aunque llevas 30 años practicando meditación.
    Yo tambien me he trabajado mucho y a veces me siento con muchas ganas de rendirme cuando veo lo poquito a poco que van las cosas.
    Me ha dado animos a seguir intentandolo.

    Responder
    • Isabel Cañelles 08/05/2019

      Hola, Heike,

      Gracias a ti por comentar tus impresiones :-). Sí, los patrones no son fáciles de modificar, por eso se llamana “patrones” ;-D. De hecho, yo la única forma que encuentro de tratar con ellos es familiarizándome, haciéndome amiga de ellos hasta que nos conocemos tanto que ya no me hacen tanto daño. Es como que los patrones no cambian, cambia solo nuestra forma de relacionarnos con ellos. Pero ese, justo, es el gran cambio.

      Poco a poco.

      Un fuerte abrazo, y nos vemos enseguida,

      Isa

      Responder

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