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EMOCIONES Y PENSAMIENTOS: EL HUEVO O LA GALLINA

Dos palmas de las manos abiertas con emociones y pensamientos escritos en diversos colores y tipografías

18 de noviembre de 2019

Si comparásemos la energía de la consciencia con la corriente alterna, las emociones serían como una subida de la tensión eléctrica. Clic para tuitear

Si comparásemos la energía de la consciencia con la corriente alterna, las emociones serían como una subida de la tensión eléctrica. Y —como todos hemos podido experimentar— a veces, en días de tormenta, nos pegan una buena sacudida.

¿Qué papel juegan los pensamientos en relación con las emociones?

Podríamos decir que, en primera instancia, las emociones no son más que energía vibrante que nos atraviesa de punta a punta. ¿Y qué papel juegan los pensamientos en relación con las emociones? ¿Van antes? ¿Van después? ¿Están mezclados?

Según Pönlop Rinpoché, una emoción se compondría de tres elementos: energía, un posterior proceso dualista y el etiquetado conceptual. Clic para tuitear

Según Dzogchen Pönlop Rinpoché, autor del libro Rescate emocional, una emoción (o aquello a lo que consideramos una «emoción», a saber: «Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática») se compondría de tres elementos: energía, un posterior proceso dualista y el etiquetado conceptual.

Es decir, cuando aparece la energía emocional, no es algo conceptual, ni siquiera es positiva o negativa, pero inmediatamente se produce una sensación de separación entre nosotros y esa energía (debido a nuestra tendencia habitual de dividir todo fenómeno en un observador y algo observado), después una reacción de apego o rechazo, junto con un etiquetado en base a unas coordenadas (nuestras experiencias anteriores, creencias, tendencias, etc.) y una posterior identificación con la emoción ya adulterada por todas esas cosas que hemos superpuesto. Es un proceso tan rápido que no nos damos ni cuenta. Y a ese paquete es al que llamamos «emoción». A su vez, nuestros pensamientos, creencias, experiencias almacenadas en la memoria… influyen para que percibamos todo lo que entra a través de nuestros sentidos (energía emocional incluida) como positivo o negativo. Pensamientos y emociones andan, pues, siempre de la mano.

Según Pönlop Rinpoché, deshacernos de toda esa amalgama (o sea, reprimir o negar nuestras emociones) sería como tirar las albóndigas con el caldo. La energía (con sus olas) es inevitable, está ahí todo el rato, y de hecho es lo único que hay, forma parte de la vida y de nuestra sensación de estar vivos. Aunque queramos desecharla, eso sería solo una ilusión. Se trata entonces de quedarnos con la energía (o sea, con las albóndigas), pero no identificarnos tanto con el etiquetado que acompaña a la emoción (o sea, con el caldo).

Deshacernos de la amalgama de emociones y pensamientos sería como tirar 'las albóndigas con el caldo'. Hemos de quedarnos con la energía (las albóndigas) y no identificarnos con el etiquetado (el caldo). Clic para tuitear

El etiquetado perverso puede estamparte contra el suelo

Personalmente, he comprobado que mi etiquetado es un tanto perverso, ya que mi mente está llena de enormes carteles del tipo «Peligro», «Cuidado con el perro», «Atención», «Te la vas a pegar», «No entres ahí», etc., como una ristra de salchichas heredadas de la tradición familiar. Aun cuando sienta algo placentero, enseguida viene detrás una caterva de pensamientos del tipo «No te fíes ni un pelo», «No tienes derecho», «Esto no es para ti»… A la vez, otra ristra de salchichas formada de fantasías irreales acecha detrás de la anterior para cuando la situación emocional se haga insoportable, de modo que cuando la cosa se pone demasiado chunga mis pensamientos me hacen desconectar y me meten en un mundo paralelo para no pasarlo tan mal («Eres la reina de los mares», «Estoy encantada de haberte conocido, eres TAN especial…», «Qué inteligente eres…», «Vives una vida TAN espiritual…»). Hasta que, en algún momento, alguna subida en la tensión eléctrica me despierta de mi espejismo y me hace estamparme contra el asfalto.

Ese es mi formato, o mi karma, pero cada uno tiene sus propios protocolos de procesado y etiquetado. En todo caso, la formación rapidísima e inconsciente de esta amalgama emocional no trae nada bueno, ya que al no darnos ni cuenta de cómo se produce, tomamos por verdadero el producto final, sin revisar cómo se ha hecho el empaquetado, y sin ni siquiera haber mirado lo que hay dentro del envoltorio.

Por ejemplo, si mi pareja no quiere venir al cine conmigo un sábado por la tarde porque prefiere quedarse en el sillón leyendo, a los pocos segundos puedo encontrarme reprochándole que es un muermo y que nunca quiere moverse de casa, sin haberme dado ni cuenta del proceso: a lo mejor su negativa a acompañarme despertó en mí un sentimiento de abandono relacionado con mi infancia, yo lo tapé inmediatamente con rabia, esa rabia la revestí de juicios y argumentos, y eso fue lo que me llevó a emitir una serie de reproches que me parecían de lo más justificados y apoyados en la «realidad».

Solemos estar tan enfocados hacia el exterior que nunca cuestionamos los procesamientos de esta fábrica interna de emociones y conceptos en funcionamiento día y noche. Clic para tuitear

Solemos estar tan enfocados hacia el exterior que nunca cuestionamos los procesamientos de esta fábrica interna de emociones y conceptos en funcionamiento día y noche.

¿Cómo realizar una auditoría interna de emociones y pensamientos?

Si has llegado hasta aquí leyendo este post, igual es que tienes una buena disposición para hacerte una auditoría interna.

La atención plena es una gran aliada a la hora de hacerte una auditoría interna de emociones y pensamientos: detecta la emoción, permanece en ella e interroga a los pensamientos que te llegan antes de darlos por buenos o por malos. Clic para tuitear

¿Cómo? La atención plena (que yo particularmente entreno a través de la escritura y la meditación) es tu gran aliada. Gracias al entrenamiento, cuando surge una emoción, como puede ser el enfado o la tristeza, puedes detectarla antes de taparla, reprimirla o transformarla en acciones de forma inconsciente.

Lo siguiente sería permanecer con esa emoción, aunque nos genere un rechazo inmediato o visceral. Saber que en el fondo no es ni mala ni buena (por más que yo sienta rechazo o apego) me ayuda a no esconderme, a sostener esa energía vibrante.

A continuación, cuando llegan todos los pensamientos que me van a llevar a actuar en un sentido o en otro, no los doy por buenos sin más, sino que les hago un pequeño interrogatorio: ¿de dónde sales?; ¿escucho en ti voces del pasado?; si te hago caso, ¿eso me va a llevar a un buen lugar para mí y para quienes me rodean?; ¿puedo asociarte a algún comportamiento repetitivo?; ¿me llevas a responsabilizarme de mis emociones o a tirar balones fuera, culpando a los demás? No nos tenemos que creer todo lo que pasa por nuestra mente, que puede provenir simplemente de hábitos ancestrales repetitivos y, en ocasiones, autodestructivos.

Esta exploración de las emociones que nos resultan conflictivas o abrumadoras ha de estar envuelta en el cariño y el cuidado hacia nosotros mismos. Leí hace mucho en no me acuerdo qué libro que la prueba de que el amor subyace al odio es que el odio no puede abrazar al amor, pero el amor sí puede abrazar al odio. Este gesto compasivo de abrazar las situaciones que nos hacen sufrir (aunque no nos gusten) es esencial para congraciarnos con lo que sentimos, aunque nos provoque rechazo, para quitarle el envoltorio y acceder a lo que hay dentro: bella energía dinámica que nos hace ver con más claridad y empatía el mundo que nos rodea.

Llevar a cabo este tipo de exploración con honestidad es pasar de tratar de cambiar las circunstancias externas a variar el modo en que me relaciono con ellas. Clic para tuitear

Llevar a cabo este tipo de exploración con honestidad es pasar de tratar de cambiar las circunstancias externas (que se resisten a hacerme caso) a variar el modo en que me relaciono con ellas. De esta forma, en unos pocos minutos puedo pasar de verme como una estrella venida a menos a sentirme una estrella que por fin empieza a brillar.

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8 comentarios
  1. marusela 19/11/2019

    Hola Isa, me ha encantado este post y al llegar al final, “…exploración con honestidad es pasar de tratar de cambiar las circunstancias externas (que se resisten a hacerme caso) a variar el modo en que me relaciono con ellas. “, pienso si aquello que podríamos llamar soberbia, no juega también en contra de ese despertar.
    Ese cambio honesto implica dar el brazo a torcer, renunciar a nuestras certezas y creo que, al final, el centro de todo es acercarse con humildad a la experiencia, con dudas, haciéndose preguntas como dices en tu reflexión. Totalmente de acuerdo.
    ¡Un beso!

    Responder
    • Isabel Cañelles 19/11/2019

      Hola, Marusela,

      Yo no sé si lo llamaría “soberbia”… Es más puro egocentrismo, afán de control. Creemos que lo que gira a nuestro alrededor ha de funcionar de la manera en que queremos, y si no es así nos enfadamos: “¿Por qué las cosas no salen como yo quiero?”. Y entonces la emprendemos a puñetazos con las apariencias.

      Sí que me resuena lo de dar el brazo a torcer, o rendirse a la evidencia de que no está en nuestra mano el que las cosas se manifiesten de una manera determinada. No está en nuestra mano tener un pensamiento o no tenerlo, tener una emoción o no tenerla… Pero sí está en nuestra mano el cómo nos relacionamos con las apariencias, sin tanta reactividad (apego y rechazo).

      Gracias por tus aportaciones.

      Besos,

      Isa

      Responder
  2. Begoña 19/11/2019

    Gracias Isa. Es un buen recordatorio!!!
    Refrescar lo aprendido!!!
    Un abrazo

    Responder
    • Isabel Cañelles 20/11/2019

      Muchas gracias, Begoña 🙂

      Un abrazo enorme,

      Isa

      Responder
  3. Loreto 20/11/2019

    Hola Isa, esta lección es difícil de llevar a la práctica para mí y sin embargo es la más necesaria de todas. Siempre luchando porque la realidad se adapte a lo que considero justo. Pero cambia cuando ella quiere, no cuando quiero yo. Asimilar las experiencias difíciles y aprovechar la energía de la emoción para construir desmontando las capas que se superponen sin darme cuenta con rapidez sobre el hecho concreto es el reto al que voy a dedicarme después de leer tu sabio post. Un abrazo y nos vemos en el taller

    Responder
    • Isabel Cañelles 20/11/2019

      Muchas gracias, Loreto, por tus palabras :-). Es difícil para todos, no solo para ti. De momento, solo el poder reconocer que nos pasa esto es un paso de gigante. Es la forma de, al menos, no superponer más capas de las que ya superponemos inconscientemente. Así, poco a poco, practicando la meditación, de forma natural cada vez se nos hace más evidente este proceso, se va ralentizando y nos podemos dar cuenta antes de lo que está pasando. No hay que agobiarse ni tratar de acelerar las cosas, porque si imprimimos tensión o alerta, puede que estemos también conteniendo la energía, y no se trata de eso, sino dejar que aflore, y ahí aplicar las pautas en la medida en que nos vayamos haciendo conscientes.

      Un abrazo fuerte, y nos vemos prontito :-),

      Isa

      Responder
  4. Alicia 21/11/2019

    “El odio no puede abrazar al amor pero el amor si puede abrazar al odio”
    Gracias.

    Responder
  5. Harry 24/11/2019

    Un post súper práctico y necesario. Iluminadora la definición del Lama: las albóndigas son lo importante y es necesario identificar el resto. El resto me suena al yo que percibe la emoción. Me pregunto si en algún momento podemos ,de alguna manera, percibir la emoción en estado puro?

    Responder

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