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¿Escribir es comunicar? ¿Escribes para ti o para los demás?

Isabel escribiendo en su máquina de escribir

18 de Abril de 2019

¿Escribir es comunicar?

A raíz del último post que publiqué en el diario de escritura, titulado «Empezar a escribir», Marusela Talbé me planteó una cuestión, que voy a tratar de responder en este post. Decía Marusela:

«Tal como lo veo, escribir es comunicar, ¿no? El escritor escribe porque tiene algo que decir, algo que quiere visualizar a los ojos, el corazón y el pensamiento de personas extrañas que no conoce, ni conocerá. Una buena historia consigue poner de acuerdo a multitud de personas. La alabaremos independientemente de nuestro estrato social, opiniones políticas, ideas… porque el escritor ha sido capaz de narrar para todos (dejo aparte el tema marketing, aunque sabemos cuánto influye). Si esto es así, ¿no lleva implícito, en cierta manera, renunciar al yo, a la escritura consoladora, intimista, para extrapolar el núcleo de la historia a una dimensión de “multinacional” narrativa con una historia accesible desde cualquier pensamiento, cultura? Pienso que surgen de esta renuncia los clásicos, las novelas universales. No sé si ando equivocada».

¿Para quién escribimos?

Creo que es muy interesante lo que planteas, porque a ello subyace la pregunta: «¿Para quién escribimos?». Como dices, en quien escribe ficción hay un deseo de comunicar o, más bien, de transmitir a otras personas algo importante. No obstante, a este deseo de transmitir o de conectarse con los demás en la experiencia de la literatura, subyace también una necesidad de expresarse, de dejar salir del interior determinadas vivencias.

En quien escribe ficción hay un deseo de comunicar o, más bien, de transmitir a otras personas algo importante. Clic para tuitear

Y esa necesidad de expresión nace en un ámbito muy personal e íntimo, opuesto completamente a una dimensión de «multinacional narrativa» (que a mí me suena a «fábrica de Best Sellers» ;-)). Pienso que de esta mezcla de intimidad expresiva y de deseo de conectar con el resto de la humanidad es de donde surge cualquier narración que se precie. Y en esa mezcla no se excluye uno mismo ni se excluyen los demás. Gracias a ello nos puede interesar una historia que se desarrolla en un pequeño pueblecito llamado Macondo con personajes muy particulares y a la vez universales que es la propia historia del autor a la par que la historia de Colombia y la historia de la humanidad.

Más que tener que renunciar al yo para enfocarse en los otros, sería pasar del «yo primero» al «nosotros primero». La verdadera renuncia al yo no te excluye como ser humano. De hecho, cuando se caen las fronteras entre tú y los otros sientes tus propias particularidades con más fuerza que nunca. Hacer de canal como escritor/a no significa despersonalizarse.

La verdadera renuncia al yo no te excluye como ser humano. Hacer de canal como escritor/a no significa despersonalizarse. Clic para tuitear

Regalar las palabras

Según el filósofo Heidegger, el mal escritor sería el que trata de poner, imponer o superponer las palabras sobre las cosas, mientras que el buen escritor sería aquel que sabe regalar las palabras a las cosas, que desaparece de una forma muy personal en favor de las cosas. Esa forma muy personal de desaparecer en favor de las cosas es la que cada escritor ha de ir desvelando.

Según Heidegger, el buen escritor sería aquel que sabe regalar las palabras a las cosas, que desaparece de una forma muy personal en favor de ellas. Clic para tuitear

Entonces, no solo se trata de «desaparecer» (o que desaparezca esa noción de que soy alguien separado de los demás y de mi obra de arte), sino de hacerlo de una forma «muy personal». Es decir, abandonar el «yo» no significa «dejar de ser», sino que es precisamente dejar que brote nuestra auténtica naturaleza, y ahí es donde nos sentiremos como en casa.

Por eso a mí me parece muy importante que, cuando escribimos, nos afecte muy personalmente (muy íntimamente) lo que estamos contando, por más que los personajes sean (aparentemente) muy diferentes de nosotros y la historia se desarrolle en un lugar en el que (aparentemente) no hemos estado. Hemos de estar implicados, embarrados en la historia, y a la vez desapegados. Esa historia no es «nuestra», no somos sus fabricantes ni los propietarios de una multinacional narrativa; esa historia solo pasa a través de nosotros (de nuestra particularidad, de nuestra mirada y de nuestra técnica, que no es sino la habilidad de dejarla pasar) para poder hacerse universal. Digamos que de nuestra intimidad llega directamente (si no ponemos el filtro del yo) a la intimidad del lector, porque no son dos intimidades separadas sino interdependientes.

Una historia no es nuestra, llega de nuestra intimidad directamente a la intimidad del lector, que son dos intimidades interdependientes. Clic para tuitear
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1 comentario
  1. marusela 22/04/2019

    Hola Isa, muchísimas gracias por estas palabras tan acertadas y enternecedoras. Conllevan un mensaje precioso que ojalá sea capaz de llevar a la práctica.
    Un beso.

    Responder

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