¿Gestiono el tiempo o el tiempo me gestiona a mí?

Agenda google calendar , gestionando mi tiempo

19 de febrero de 2018

LA AGENDA: 5 PROS Y 5 CONTRAS

Una de las primeras cosas que Laura Ribas me ha enseñado en el curso de Marketing y Ventas que estoy realizando con ella es a llevar una agenda. Te parecerá una tontería, porque seguro que tú llevas una agenda desde hace tiempo… Pues yo no la llevaba, o más bien la llevaba en forma de listas dispersas. Me guiaba por mi intuición, sabía cada día las cosas que era importante solucionar, e iba trabajando simplemente. El resultado era que me pasaba el día contestando e-mails, apagando fuegos urgentes, perdiendo el tiempo en los intersticios de la urgencia y tremendamente agobiada por la inabarcable montaña de cosas que tenía que escalar sin nunca llegar a la cima.

A través del Google Calendar y una pizarra blanca que tengo al lado del ordenador, llevo un registro de las cosas que tengo que solucionar a corto, medio y largo plazo.

Ahora, a través del Google Calendar y una pizarra blanca que tengo al lado del ordenador, llevo un registro de las cosas que tengo que solucionar a corto, medio y largo plazo. La pizarra está dividida en los 12 meses del año, y ahí pongo los grandes «hitos» a alcanzar cada mes y a lo largo del año. Cada uno de esos hitos lo tengo subdividido en pequeñas tareas, y al final de cada semana programo las tareas de la semana siguiente, dedicándole a cada una una porción de tiempo razonable. Esto me ha resuelto bastantes cosas. Voy a mencionar algunas de ellas:

  1. Se acabó la urgencia. Las cosas se convierten en urgentes cuando no las has afrontado antes. Sin embargo, cuando las vas trabajando poco a poco, nunca llegan a convertirse en urgentes. Eso da una tranquilidad de aúpa.Se acabó la urgencia, cuando vas trabajando poco a poco las cosas nunca llegan a convertirse en urgentes Clic para tuitear
  2. Se acabó la preocupación. Cuando estoy inmersa en una tarea (por ejemplo, ahora en escribir este post) no estoy preocupada por desatender otras labores importantes, porque sé que está programado que le dedique a esas labores otros tiempos. Aunque no esté haciendo eso tan importante ahora mismo, SÉ que lo haré, y no tengo que preocuparme de cuándo porque lo señalé en la agenda en su momento con criterio.
  3. Se acabó la evasión. Hay una serie de tareas que tengo tendencia a hacer antes que otras (no necesariamente las que más me gustan), como contestar los e-mails, preparar las clases, hacer los comentarios de los alumnos, etc. Por tanto, antes siempre había tareas que nunca acababa realizando, especialmente las dedicadas al marketing o a visibilizarme, por culpa de mis patrones. Ahora, al tener esas tareas agendadas, simplemente las hago. Ni me lo pienso. Y lo más increíble es que ¡me están empezando a gustar!
  4. Se acabó la rigidez. Aunque en principio tener toda la semana agendada puede dar sensación de agobio, realmente te da mucha más flexibilidad que estar atendiendo siempre lo más urgente. Lo más urgente no puede esperar, y lo necesario, importante y menos importante se puede graduar. Así que si me surgen imprevistos o algo me lleva más tiempo del esperado, solo tengo que ir al calendario y mover un poco las cosas de sitio para reajustarlo todo.Lo más urgente no puede esperar, y lo necesario, importante y menos importante se puede graduar Clic para tuitear
  5. Se acabó (¿se acabará? 😉) la adicción. Una cosa importantísima (según nos enseña Laura Ribas) es introducir espacios en el calendario para tu vida personal, el ocio, etc. Yo no soy muy buena en eso, y mi agenda ahora es un océano de trabajo con pequeñísimos islotes dedicados a mis niños y a mi vida personal… Del ocio (la lectura o el simple dolce farniente) ni hablemos. Pero bueno, por lo menos abro huecos (comidas con los amigos, estar con los niños…) que antes eran fácilmente cubiertos por las tareas urgentes o, si no, por el agobio de no estar atendiendo a lo urgente en lugar de disfrutando. Esto tiene que ver con el síndrome de los emprendedores: la adicción al trabajo.

Agenditis o el monte es orégano

Corro el riesgo de terminar dividiendo las tareas en porciones de cinco minutos… o claudicar y reconocer que las veinticuatro horas del día tienen un límite, aunque no lo tenga mi capacidad de generar ideas.

No todo el monte es orégano, por supuesto. Llevar una agenda me está produciendo cierta agenditis (similar a la apendicitis pero en la zona de la base craneal😜). Voy a poner algunos ejemplos:

  1. No existe lo que no se agenda. Si algo no está en la agenda parece que no existe o que tengo que eliminarlo de mi vida. Hay cosas importantes y necesarias (como comprarme un pintalabios, ir a la peluquería o acariciar a los gatos) que parecen haber desaparecido de mi vida…
  2. La máquina que no cesa. Mirar ese mar de colores cada día me produce cierta ansiedad, es como un no detener nunca la maquinaria de generar trabajo para trabajar más para generar más trabajo… Teniendo en cuenta que me dedico a dar clases de escritura y meditación… da la impresión de que no esté muy en consonancia con lo que promulgo. Menos mal que lo que promulgo está muy en consonancia con mis propias imperfecciones y el enorme camino que aún me queda por recorrer ;-). Todo se andará.
  3. Hay que tomar decisiones. Tener una agenda es lo peor para una perfeccionista como yo. Ya solo tener que tomar una opción deja de lado muchas otras. Y eso imposibilita la perfección. Tener que tomar decisiones todo el rato (no puedo hacerlo todo a la vez, hay proyectos que no podré afrontar en varios años, porque he de priorizar de alguna manera, hay cosas que no sé cómo hacer —así que he de descartarlas de antemano—, etc.) me enfrenta a mis enormes limitaciones. Era más cómodo permanecer en la nebulosa de una hipotética perfección existente en mi fantasía.
  4. La peliaguda división del tiempo. La mente no tiene límites, pero el tiempo convencional y cronológico sí. Sin embargo, a mí no paran de ocurrírseme tareas nuevas que hay que agendar. Corro el riesgo de terminar dividiendo las tareas en porciones de cinco minutos… o claudicar y reconocer que las veinticuatro horas del día tienen un límite, aunque no lo tenga mi capacidad de generar ideas.
  5. Preguntas existenciales. ¿Este océano de colores se extenderá hasta la muerte? ¿En qué momento la rayita del google calendar, que no para de avanzar la condenada (dividiéndome la vida entre pasado y futuro, nunca presente), marcará la división entre mi vida y mi muerte? ¿Qué opinarán mis hijos cuando, al mirar la pantalla del ordenador de su madre recién muerta, se encuentren con una vida de años, meses, semanas, días, horas y minutos segmentada, con una mínima parte dedicada a ellos? ¿Qué voy a hacer si en mi próxima vida (por haberme reencarnado en un topo, por decir algo) no tengo acceso al google calendar?
Si eres autónomo/a y/o emprendedor/a, quizá te ayude a poner en una balanza los pros y los contras de agendar tu existencia. Clic para tuitear

Todo esto se me ocurre compartir contigo. Si tienes un trabajo fijo, te sonará a chino. Pero si eres autónomo/a y/o emprendedor/a, quizá te ayude a poner en una balanza los pros y los contras de agendar tu existencia. A mí, de momento, me está sirviendo de terapia, pero a lo mejor algún día tendré que realizar un ritual chamánico para divorciarme para siempre del bendito/maldito google calendar.

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