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Jugar para Escribir

Escribir es jugar, niña chapoteando en el barro

25 de noviembre de 2019

Hay quien piensa  que el manejo de las técnicas narrativas ahoga la inspiración. Y a veces puede ser así, porque es cierto que mientras uno está escribiendo una historia más vale que no ande pensando en el punto de vista del narrador o en las coordenadas espaciales del personaje. Mientras uno escribe ha de estar viviendo la narración en su mente, como si de una película se tratara, y transcribiendo en palabras lo que les pasa a los personajes, con las herramientas que tenga a mano pero sin pensar en ellas.

Mientras uno escribe ha de estar viviendo la narración en su mente, como si de una película se tratara, y transcribiendo en palabras lo que les pasa a los personajes. Clic para tuitear

El campo abierto de la literatura

Ahora bien, a la vez, no hay nada como la técnica para que un escritor en ciernes supere el bloqueo y se inicie en el campo abierto —demasiado abierto, al principio— de la literatura. Para alguien que aprende, no es lo mismo escribir a partir de una historia cualquiera, que construir un relato a partir de la pauta de que transcurra en cinco minutos mientras el personaje espera una llamada telefónica.

En el primer caso lo más posible es que el papel quede tan blanco después de una tarde frente a él que antes de ponerse a ello. Y, como ya se sabe, la peor de todas las historias posibles es la que no se escribe.

En el segundo caso empezaremos a preguntarnos quién puede estar esperando la llamada telefónica, y por qué está tan nervioso, y cómo es posible que cinco minutos se hagan tan largos, y qué pretende su novia haciéndole sufrir de esa manera, y si finalmente le llamará, y… ya tenemos una historia en la que ensayar el tiempo narrativo y las retrospecciones.

En la época que empecé a escribir en el taller literario de Enrique Paéz, me sentía como una niña chapoteando en el barro. Clic para tuitear

Recuerdo la época en que empecé a escribir (en el taller literario de Enrique Páez) como una de las más divertidas de mi vida. Me sentía como una niña chapoteando en el barro. Un día me daba por practicar el diálogo, y de ahí surgía un cuento repleto de voces. En otra ocasión se trataba de jugar con los narradores sin que el lector lo percibiera, y me pasaba horas resoplando con la cámara al hombro de un sitio a otro en mi mundo ficcional. O si no, me tocaba escribir un cuento decimonónico de terror imitando a Poe. O tenía que cruzar dos argumentos que no tenían nada que ver entre sí. El resultado solía ser lamentable y, sin embargo, aprendí a manejar registros, a definir mi estilo, a elegir el punto de vista idóneo para cada posible historia y viví dentro de uno de mis personajes favoritos, el inexpugnable Dr. Carranza, un dentista pervertido y controlador.

La espontaneidad y la imaginación

Después de tanto tiempo sigo viendo aquellos escritos, a pesar de que surgieran de la teoría literaria o de la imitación —o precisamente por ello—, plenos de espontaneidad e imaginación. Surgían de la elección de uno entre los miles de elementos del arcón de los juguetes, y eran muchísimo más frescos, desde luego, que cuando trataba de forjar las narraciones directamente a raíz de mis ideas o de asuntos trascendentes.

Gracias a la técnica aprendí que la literatura no era esa cosa seria y con mayúsculas, sino un juego en el que me iba la vida. Clic para tuitear

Así aprendí, curiosamente gracias a la técnica, que la literatura no era esa cosa seria y con mayúsculas que auguraban los tratados, sino que se trataba de un juego. Un juego en el que (eso lo entendí después) me iba la vida.

Dicen que para decidir traer un niño al mundo hay que tener muchísima energía, pero aún más inconsciencia. Creo que para empezar a escribir literatura también. Y jugar con las técnicas narrativas es un buen comienzo para introducirte en algo tan trascendente y profundo que te cambiará la vida para siempre.

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2 comentarios
  1. marusela 27/11/2019

    ¡Qué guay! Me gusta esta visión lúdica que desdramatiza el proceso de escribir, 🙂
    Un beso, Isa

    Responder
  2. Isabel Cañelles 28/11/2019

    Gracias, guapa 🙂

    Responder

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