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La autoimagen del escritor

La escritura produce vértigo en el escritor
Un punto muy interesante del camino del aprendizaje es el del «qué dirán», la autoimagen del escritor, ese límite doloroso al que inevitablemente llegamos —tarde o temprano— con la escritura. La escritura, si somos honestos y vamos ahondando cada vez más (es decir, si mantenemos en marcha el motor de la creatividad), nos desnuda.

En nuestra vida diaria podemos creernos personas flexibles, sinceras, desinhibidas, valerosas, auténticas, desinteresadas…, en fin, vestirnos con todas las cualidades que se nos ocurra. Todo eso es papel mojado a la hora de escribir; precisamente, escribir es extender los tentáculos hacia nuestras limitaciones, y entonces tocaremos nuestra torpeza, nuestra introversión, los miedos, la vergüenza, la tensión, nuestro autoengaño… todo eso que linda con nuestras cualidades.

Escribir nos provoca vértigo, el mismo que tirarnos de un décimo piso, y cuando llega el momento de la verdad, lo único que queremos es salir huyendo

Al profundizar en un relato o en una novela, siempre habrá un punto en el que no queramos ahondar más porque sentimos, consciente o inconscientemente, que nuestro sistema de creencias y nuestra identidad están en juego. Ir más allá, entonces, nos provoca el mismo vértigo que tirarnos de un décimo piso. Escribimos, de hecho, para llegar ahí, pero nos hacemos los tontos, y cuando llega el momento de la verdad lo único que queremos es salir huyendo.

No obstante, ir cada vez más allá en ese punto en que nos sentimos en peligro es a lo que estamos aprendiendo (es un aprendizaje que no se acaba nunca); cuando lo sobrepasas cada una de las veces te das cuenta de que no se acababa el mundo, de que tus miedos eran irreales, de que estaban hinchados como un globo tras pincharlo con un alfiler.

No es fácil adquirir confianza y enfrentarnos a los monstruos que nos acechan con el simple alfiler de la escritura, pero el viaje es emocionante

No es fácil adquirir confianza suficiente para ir más allá de los propios límites con el simple alfiler de nuestra escritura desenvainado frente a los terribles monstruos que nos acechan. No es fácil, pero es el más emocionante de los viajes que podemos emprender.

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1 comentario
  1. marusela 04/11/2017

    Cierto, desnudarse en público da…de todo. Deberíamos hacer un corto streptease de vez en cuando para mostrar aunque sea solo un poco de pierna, 😉
    De todas formas, leo docenas de libros que no trasmiten el mínimo riesgo por parte del escritor, o al menos, lo disimulan bien. Supongo que serán los que se olvidan, sin embargo están presentes durante una buena temporada en los escaparates de las librerías. Sus autores no están mal considerados, viven de eso (me viene uno en concreto a la cabeza, pero los hay a cientos). Así que la pregunta sería, ¿quiere el escritor ser recordado por mostrarse desnudo? Y desde luego si la respuesta es sí, tiene un par: está dispuesto a no ser recordado vestido nunca más.
    ¿Y qué pasa si cambia?

    Responder

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