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La importancia de la voz narrativa

La voz narrativa como instrumento

Suelo comentar a menudo en mis clases que la voz narrativa constituye alrededor del setenta por ciento de la eficacia de un relato breve. Es una generalización, por supuesto, porque es verdad que en algunos casos se usa este recurso de una forma más llamativa que otros.

Pero olvidándonos del porcentaje concreto, lo que quiero decir es que al estar trabajando con un género breve, el uso de recursos o herramientas que agrupen varias funciones es esencial. Las matizaciones de la voz narrativa (el tono, el volumen, la expresividad, etc.) dan muchísima información sobre la historia sin que eso afecte a la extensión del relato, lo que la convierte en un recurso clave. En cómo —o el medio por el cual— se está dando una información ambiental, por ejemplo, podemos deducir el estado anímico del protagonista, su sexo, sus preferencias, sus neurosis y hasta si se trata de un funcionario o un músico de rock.

Las matizaciones de la voz narrativa dan muchísima información sobre la historia sin que eso afecte a la extensión del relato

Por otra parte, la voz, junto con el personaje (y no olvidemos que a la voz también corresponde establecer un determinado acercamiento afectivo sobre los personajes), son los «ganchos» que al comienzo de un relato atraparán al lector. Si el lector nota que hay una voz implicada, potente y autorizada que desea hacerle llegar una historia, se quedará prendado, aunque a lo mejor el conflicto tarde un poquito en aparecer o se esté abusando de la descripción. La voz tiene cierto efecto hipnótico que a los escritores nos viene de maravilla para sumergir al lector en la ficción mientras nosotros estamos haciendo aún ajustes antes de ponernos de lleno a profundizar en el conflicto.

El lector quedará prendado de una voz implicada, potente y autorizada que desea hacerle llegar una historia, aunque el conflicto tarde en aparecer

Por último, ya hemos visto que la literatura se mueve en el ámbito experiencial y, por tanto, en el mundo de las emociones. Y una buena parte de la carga emocional de un relato está depositada en la voz. Cuando la forma en la que se nos dice algo nos emociona, ya estamos inmersos en la vivencia, más allá del plano intelectual, y cuando estamos ahí al escritor ya le resulta mucho más fácil llevarnos y traernos por hechos que podrían resultar inverosímiles observados a una mayor distancia.

Cuando la forma en la que se nos dice algo nos emociona, estamos inmersos en la vivencia y ahí al escritor le resulta más fácil llevarnos por hechos inverosímiles a mayor distancia

Por el contrario, si no usamos la potencialidad de la voz narrativa, puede que el discurso se quede plano e impersonal, que el lector detecte cierta contradicción entre lo que se le está contando y la falta de entusiasmo o la indiferencia con la que se le está contando, que haya determinadas informaciones que demos de una forma explicativa cuando podrían ir implícitas en la voz, etc.

Pero también es verdad (y aquí es donde no hay que tomarse tampoco al pie de la letra lo del porcentaje) que el uso que hagamos de la voz narrativa depende mucho del tipo de historia que contemos y, sobre todo, de qué tipo de narrador usemos. Por ejemplo, el narrador cámara no da mucha cancha a la hora de modular la voz, porque precisamente lo que pretende es aparentar objetividad. En el lado opuesto estaría el narrador protagonista, en el que el que narra y el que protagoniza los hechos se conjugan en la misma voz, que necesariamente ha de transmitir el carácter, el estado anímico y la visión del personaje, y el que no lo haga constituiría un grave error, ya que convertiría al personaje en una especie de robot.

 

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