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La integración

Escritura y meditación, proceso vital de Isabel

Con agradecimiento, a todas las personas que han pasado por mis clases, que me han apoyado en mi recorrido y me han permitido llegar hasta lo que soy.

Antes, cuando me presentaba a los alumnos nuevos, hablaba de mi formación como filóloga, de mi experiencia como alumna de talleres literarios y como escritora y como profesora de escritura creativa. De los libros que había escrito y los que me habían publicado. Y ya está, ese tipo de cosas es lo que nos han enseñado a meter en el currículum. Lo demás no era pertinente, pertenecía a otros ámbitos estancos de la vida, aunque por otra parte en todos mis relatos, en mi novela y en mi blog salían a la luz mis problemas de pareja, mi concepción del sexo o de la maternidad o de la crianza o un montón de cosas que estarían convencionalmente catalogadas dentro de mi intimidad.

Era todo un poco raro y no me acababa de cuadrar, porque en realidad yo había aprendido mucho menos sobre escribir en la carrera o a lo largo de mi experiencia como profesora, o con los libros teóricos que he leído, o incluso en las horas dedicadas a la escritura, que en la vida real, en mis luchas internas y externas, en mi aprendizaje vital. Así pues, ¿por qué dejar todo eso aparcado fuera del aula cuando constituía justo la materia prima más importante con la que se ha desenvolver cualquier escritor o escritora?

¿Por qué dejar todo eso aparcado fuera del aula cuando constituía justo la materia prima más importante con la que se ha desenvolver cualquier escritor o escritora?

Con esto no quiero quitarle valor a la experiencia y a los conocimientos en el ámbito de la escritura creativa. Sin embargo, creo que hay una faceta mía que influye cada vez más y de una forma más incisiva y particular en mi manera de enseñar. Es mi faceta de meditadora. Ese entrenamiento es el que me ha permitido valorar mi profesión y vocación, la de profesora de creación literaria, como una labor más amplia —más integral— que la de echar una mano a las personas con inquietudes literarias a alcanzar el logro de «escribir bien» o «llegar a publicar».

De hecho, cada vez estoy más convencida de que yo no enseño (ni quiero hacerlo) a mis alumnos y alumnas a escribir bien y a publicar, sino que les ayudo a ser más conscientes de lo que hacen (en la escritura y, por tanto, también fuera de ella, en la vida, porque los departamentos estancos son invenciones nuestras). Y considero que la pasión por la escritura y la literatura, que es lo que nos une a todos, y además es el terreno que yo más domino, es una magnífica caja de herramientas para permitirnos indagar en ese espectacular viaje hacia nuestra propia consciencia. Al fin y al cabo, convertirse en un buen artista es aprender a conocer y a aceptar (a ser posible con buen humor) hasta los recovecos más oscuros de la propia mente.

Soy consciente de que yo no enseño a mis alumn@s a escribir bien o a publicar, les ayudo a ser más conscientes de lo que hacen

Precisamente porque el punto de partida de la labor literaria es la mente nos solemos confundir y pensamos que la literatura se teje en el ámbito de lo conceptual, de los pensamientos y las ideas y del lenguaje. Pero no es así. Que nuestras herramientas sean el lenguaje y las palabras no implica que nos estemos desenvolviendo en el terreno convencional de la comunicación. Yo suelo decir a menudo que los periodistas en las noticias comunican e informan, pero que los escritores en sus obras transmiten. Es una diferencia esencial en la que Aprendizaje vital con los alumnospodemos profundizar —en niveles cada vez más sutiles y en la medida en que cada uno se comprometa con su vocación— toda la vida.

El hecho de que como escritores estemos trabajando con experiencias, con vivencias, y no con conceptos, hace que un curso de escritura (con sus toneladas de ficción) esté muy ligado a nuestra vida diaria (con sus toneladas de realidad). Así pues, al decidirnos a escribir (o a seguir escribiendo) abrimos una brecha en la superficialidad de nuestra vida y le damos la oportunidad de ser más intensa, más real, más auténtica, es decir, más literaria.

Al escribir abrimos una brecha en la superficialidad de nuestra vida , le damos la oportunidad a ser más intensa , real, auténtica, más literaria

Y esta noción de lo que es «literario», trascendiendo su oposición con lo que es «real» y englobando ambos ámbitos, es por lo que no me interesa que mis alumnos y alumnas escriban «bien». Me interesa que vivan la escritura con todas sus células, que descubran nuevos planos de conciencia, que vayan siempre más allá y tengan más herramientas para vivir; para vivir la literatura y para vivir la vida. El escribir bien, de hecho, es accesorio, algo que viene por añadidura.

Todos los grandes escritores han tenido y tienen claro que en esto (en ir más allá de la dicotomía entre realidad y ficción) consiste la trascendencia del acto literario, pero suele ser algo que se encuentra muy a largo plazo, como el fruto en el que se convierte todo un largo proceso de crecimiento. Mi método (y esto es lo que me ha enseñado la meditación) consiste en algo así como traer el fruto al camino. No hace falta esperar muchísimos años para darnos cuenta de que la escritura es vida, cuerpo, percepción sensorial, cognición, transformación, emoción, presencia. Podemos trabajar con ello ya, ahora. Y mi trabajo como profesora es señalar siempre la frontera o el bloqueo que nos separa en el presente de ese vínculo vital con nuestra propia escritura.

Mi trabajo como profesora es señalar la frontera que nos separa en el presente de ese vínculo vital con nuestra propia escritura

Para mí dar clase, o más bien acompañar a las personas en su recorrido vital mediante la herramienta de la escritura, no es (o no es solo) un trabajo, o una forma de ganarme la vida. Para mí es vital, vocacional, necesario, tiene que ver con mi razón para estar en el mundo y con mi forma de avanzar en él. Sé perfectamente que me queda un montón para aprender. Y por eso sigo aprendiendo, de mis alumnos y de algunos maestros más.

Para mí dar clase es un proceso vital, tienen que ver con mi razón para estar en el mundo y avanzar en él

De modo que esta integración que se ha dado entre mi vida laboral, mi vida personal y mi vida espiritual y todo lo que confluye hoy, aquí y ahora, es una gran alegría para mí, una celebración, otro paso en una bella retroalimentación con los estudiantes por la que estoy llena de ilusión y agradecimiento.

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