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LOS ESQUEMAS MENTALES X (LA SUPERIORIDAD)

Superioridad o narcisismo: Reflejo de una silueta con una corona

 

6 de agosto de 2019

La superioridad: «Puedo hacer todo lo que quiera»

Según Tara Bennett-Goleman (en su libro Alquimia emocional), el lema del esquema de la superioridad es «Puedo hacer todo lo que quiera». Las personas con este esquema se sienten tan especiales que se creen con derecho a hacer todo lo que desean. Las leyes, las reglas y las convenciones sociales existen únicamente para los otros, no para ellas. Puede ser que aparquen en el sitio reservado para minusválidos, se sirvan sin medida en una comida en la que apenas hay suficiente para los demás o que esperen que su pareja complazca todos sus deseos sin hacerse cargo de ninguno de los de ella.

Una posible causa de esta actitud —aunque no la única— es haber sido malcriado en la infancia.

Las personas bajo el esquema de superioridad sienten que pueden hacer todo lo que quieran sin que las reglas, las leyes o incluso las convenciones sociales existan para ellas, sino solo para los demás. Clic para tuitear

Otra sería unos padres cuyo amor estaba condicionado a que el niño tuviera cierta cualidad (belleza, habilidad teatral, logros deportivos o académicos…) en lugar de quererlo tal como era. El niño puede aprender a engrandecerse a través de sus propios logros, exagerando sus méritos para parecer especial. No obstante, subyace una sensación de incomodidad, de vergüenza, que esconde detrás de un orgullo narcisista.

Por último, una tercera causa de este patrón puede ser una reacción a haber sido privado de atención, cariño o bienes materiales en la infancia. Esa persona se siente tan vejada por haber sido tratada injustamente que, de adulta, piensa que el mundo ha de recompensarla, que le corresponde más como compensación por haber tenido tan poco en la niñez.

La fatuidad no es confiar en uno mismo

Una confusión corriente en las personas con este patrón es confundir la fatuidad con la confianza en uno mismo.

En mi caso, este esquema me pilla bastante lejos (¡por fin puedo decir esto de un esquema!), aunque no me es del todo desconocido. Como soy persona de extremos, puedo pasar rápidamente de ser la última cagada del universo a sentirme muy especial con derecho a privilegios de los que otras personas carecen.

Cuando he estado con parejas que me trataban bien, con cariño y paciencia, a menudo me saltaba este esquema: de pronto yo tenía derecho a cuidados especiales por haberlo pasado tan mal a lo largo de mi vida. Eso me hacía descuidar al otro y comportarme, literalmente, como una niña mimada.

En el trabajo a veces también me entran rachas narcisistas, no sé poner muy bien los límites, cedo a mis impulsos y me pienso que la gente tiene que caer rendida a mis pies. Afortunadamente, la realidad me mete en vereda rápidamente.

Algunos síntomas del esquema de superioridad son la irritación cuando alguien pone límites, la falta de disciplina o la indulgencia hacia los propios impulsos. Clic para tuitear

Síntomas de este patrón son la irritación cuando alguien te pone límites, la falta de disciplina o la indulgencia con los propios impulsos, o dar rienda suelta a los deseos sin medir las consecuencias.

Las personas que sufren este esquema están ciegas a sus impactos negativos sobre otras personas. Esperan que el mundo las trate de un modo especial y, por lo tanto, se sorprenden e irritan cuando alguien les objeta. Solo se dan cuenta cuando las consecuencias de sus acciones les afectan personalmente y los costes se vuelven demasiado grandes para ignorarlos: una cita en el juzgado por infracciones, perder un trabajo por no haber cumplido con las expectativas que se tenían de ellas o una amenaza de divorcio de la pareja porque no se ha prestado atención a sus necesidades.

Así que si padeces este esquema, lo más posible es que ni estés leyendo este artículo, ya que, a diferencia de otros esquemas, este no es doloroso. Por tanto, tu motivación para el cambio va a ser mínima. Son las personas que tienes a tu alrededor las que padecen el dolor. Probablemente no te inquieta ser injusto con los demás.

Lo que sí que es probable, si estás leyendo esto, es que hayas sido víctima en algún momento de tu vida de alguien narcisista. Los que tendemos al sometimiento somos presas fáciles de personas con este esquema y, aunque veamos la injusticia, nos cuesta darnos cuenta de hasta qué punto se nos está infravalorando, ya que la devalorización que ejerce esa persona sobre nosotros se parece mucho a la que ejercemos nosotros mismos. Si te ocurre esto, habrás de plantearte poner los límites necesarios a esa persona para que sienta en peligro alguna de las cosas o personas que quiere, porque esa será la única manera de que quiera cambiar.

Si padeces este esquema y ha llegado el momento de querer cambiarlo, la atención consciente y la meditación pueden ayudarte a aprender a distinguir los impulsos y a dominarlos antes de superar los límites apropiados. También pueden ayudarte a asumir tus responsabilidades y a conectar con los sentimientos profundos que subyacen a este esquema, de manera que puedas manejarlos más directamente. Por último, es especialmente útil empezar a hacerte consciente de los impactos negativos de tus acciones sobre la gente que te rodea y ponerte en su lugar.

Con este artículo concluyo la temática de los esquemas mentales. Si quieres saber más sobre este asunto, te puedes poner en contacto conmigo a través de la página de Contacto. ¡Espero que te hayan sido útiles!

(Basado en el libro Alquimia emocional, de Tara Bennett-Goleman).

Posts relacionados: Los esquemas mentales I (El abandono), Los esquemas mentales II (La carencia), Los esquemas mentales III (El sometimiento, Los esquemas mentales IV (La desconfianza), Los esquemas mentales V (La desvalorización), Los esquemas mentales VI (La exclusión), Los esquemas mentales VII (La vulnerabilidad), Los esquemas mentales VIII (El fracaso), Los esquemas mentales IX: el perfeccionismo.

 

 

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3 comentarios
  1. marusela 16/08/2019

    Hola Isabel:
    Como siempre muy interesante reflexión. Yo creo que todos, en un momento u otro, nos comportamos con superioridad. A veces parece ser la única salida ante circunstancias adversas y lo nombramos como confianza en uno mismo y, por qué no, autoestima.
    Gracias al post me he dado cuenta de que el perfil de superioridad subyace como uno de los más habituales en los personajes de películas y novelas, sobe todo de género negro. Llevado al extremo los “superiores” pueden justificar la violencia, el abuso, incluso el crimen. Como la vida misma, vamos.
    Un beso, Isa.

    Responder
  2. florcuesta 16/08/2019

    Buenas tardes Isabel.
    Hoy he recibido tu post de los Esquemas Mentales. Era el último.
    Por suerte he podido descargarme los anteriores.
    Me parece un trabajo digno de elogio; cuidado y fino.
    Ya te contaré cuando lo lea.
    Un abrazo fuerte

    Responder
  3. Blanca 17/08/2019

    Querida Isa, creo que somos muchos los que tenemos momentos así, la confusiòn es muy popular y crea adicciòn.Con nuestra gran maestra nada se nos resiste, su espejo nos lleva a la verdadera humildad que “es el ùnico lugar donde suceden realmente las cosas” algo así creo recordar decìan los chamanes toltecas. Me gustan tus posts. Un abrazo dakini.

    Responder

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