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Post - Título oculto

La vergüenza y su reverso

La vengüenza de una niña en el patio del colegio

31 de octubre de 2019

 

Como podrás imaginar, me da muchísima vergüenza hablar de la vergüenza. Llevaba mucho tiempo dando vueltas a escribir sobre este sentimiento que siempre suelo rehuir, como una niña que se esconde de los demás en el patio del colegio, pero hoy he decidido hacerle frente.

La amalgama de los sentimientos

El miedo, la vergüenza y la rabia son sentimientos que llevo tan adheridas a los huesos (incluso al tuétano), me identifico hasta tal punto con ellos, que me resulta difícil abrir la mínima distancia para poder hablar acerca de cómo los experimento. Si te fijas, he usado la palabra «sentimiento» y no «emoción». Según yo lo veo, las emociones vienen y van, son más volátiles, mientras que los sentimientos forman una amalgama (combinados con creencias ignoradas) de la que resulta difícil desprenderse.

La vergüenza para mi es un sentimiento casi siempre oculto, o más bien desterrado, pero persistente y duradero. Clic para tuitear

De modo que habrá personas para las que la vergüenza sea una emoción que aparece en un momento dado y al cabo de un rato se va. Para mí es un sentimiento casi siempre oculto, o más bien desterrado, pero persistente y duradero. Me da vergüenza pedir una barra de pan en la tienda de abajo, por ejemplo, y mira que lo he hecho veces. Es una tontería y me cuesta aceptarlo, pero me da vergüenza, pienso que voy a crear rechazo en mis interlocutores. De hecho, me da vergüenza abrir la boca, el mismo hecho de hablar me da una vergüenza terrible (escribir no).

Vaya rollo vivir así, la verdad, porque el solo hecho de salir a por tóner para la impresora ya es un esfuerzo. Aunque a la vez qué alivio constatar una y otra vez que no tengo de qué avergonzarme. ¡Y qué contradicción sentir constantemente vergüenza cuando sabes que no hay razón para ello! En fin, que esto no es fácil de sobrellevar, y si te pasa algo parecido sabrás de lo que estoy hablando.

El dramático teatrillo de mi mente

Parece ser que todas las emociones tienen una razón de ser. Si es así, yo creo que la vergüenza sirve para alertarnos de que podemos estar contraviniendo algún comportamiento socialmente estandarizado. Por ejemplo, todos habremos soñado alguna vez que salíamos a la calle sin zapatos, o sin pantalones, y eso nos hacía avergonzarnos al darnos cuenta de ello.

Cuando sientes que el mero hecho de estar en el mundo, de existir, ya es un hecho vergonzante, la única solución es la desconexión. Clic para tuitear

Lo que pasa es que cuando una siente vergüenza sin razón aparente, simplemente por el mero hecho de existir, como si estar en el mundo ya fuese un hecho vergonzante de por sí, entonces admitir que una ha hecho algo que realmente a los demás les parezca extraño, ridículo o reprochable… se hace directamente insoportable. La única solución, en esas situaciones, es la desconexión.

Hace unos meses me tocó pasar por una situación en la que una persona a la que aprecio mucho me dio un toque de atención. Como es alguien a quien quiero y respeto, no pude eludir el golpe ni echar balones fuera. Tampoco pude desconectarme, quizá por tanto entrenamiento en la atención plena. El sentimiento de vergüenza se intensificó de tal manera que había momentos en que todo me parecía grotesco e irreal. Magnifiqué la situación hasta verme como una especie de monstruo sin escrúpulos y lo único que me habría aliviado habría sido desaparecer del mundo. Tenía dificultades para dormir por las noches, y cuando me despertaba y me acordaba de lo ocurrido me echaba a llorar con desesperación. Eso no me podía haber pasado «a mí», con el cuidado que pongo en que no me pase nada semejante.

Hasta que me di cuenta de que todo era un dramático teatrillo que me montaba para no asumir mi responsabilidad, es decir, para no admitir que había cometido errores provocados por mi ignorancia, que podía aprender de ellos y crecer como persona. Encerrarme en la vergüenza era encerrarme en la eterna niñez, donde no somos responsables de lo que nos ocurre ni de que los demás nos avergüencen por no soportar su propia vergüenza.

El reverso de la vergüenza

La inmensa coraza de la vergüenza (odiosa y adictiva) en ocasiones no nos deja ver con cariño las imperfecciones o errores que todo ser humano comete, no nos deja crecer en todas nuestras facetas. Clic para tuitear

Al admitir todo esto me pude dar de nuevo calor humano, y me llegó una oleada de humildad y arrepentimiento. La inmensa coraza de vergüenza (odiosa y adictiva) no me había dejado ver hasta entonces con cariño mis imperfecciones, los errores garrafales que todo ser humano comete, por acción u omisión. No me había dejado perdonarme, pedir perdón ni perdonar a los demás. No me había dejado crecer en muchas de mis facetas.

Después de haber pasado de forma consciente por una de las situaciones más vergonzantes de mi vida y haber visto frente a frente el teatro de mi mente, ya a poco de lo que pase en ella puedo temer. El miedo y la rabia, dos sentimientos que iban muy unidos a la vergüenza, se han quedado al descubierto, por lo que me siento más confiada, no tan paralizada y menos rabiosa con el mundo.

No, si al final le voy a tener que darle gracias a la vergüenza por enseñarme su reverso…

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2 comentarios
  1. Mary 01/11/2019

    Excelente Isa!!
    Qué bien lo describes!
    Cuánto aprendo contigo!
    Gracias!

    Responder
  2. Juan Aguilera 01/11/2019

    totalmente identificado con tu post, yo pensaba que con los años, uno lo superaba, pero parece que en mi caso no ha sido así, si bien es cierto que la intensidad a disminuído, pero si errar es humano avergonzarse también

    Responder

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