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LOS ESQUEMAS MENTALES IX: EL PERFECCIONISMO

4 de julio de 2019

 

«Tengo que ser perfecto/a»

Según Tara Bennett-Goleman (en su libro Alquimia emocional), el lema del esquema del perfeccionismo es «Tengo que ser perfecto/a». La raíz emocional de este esquema es la sensación de fracasar por más que te esfuerces. Y por debajo de esto, una sensación de tristeza por no ser aceptado tal como eres, puesto que para ti el amor está condicionado al buen desempeño.

Los padres que siempre son críticos respecto a lo que hace el niño —por bueno que sea en lo que haga— crean en él una profunda sensación de imperfección. Ese niño aprenderá muy pronto a esforzarse constantemente para que sus padres no dejen de quererlo.

El esquema del perfeccionismo: el mundo a través de unas gafas de aumento con respecto a las expectativas y a las metas. Clic para tuitear

Quienes padecemos este esquema vemos el mundo a través de unas gafas de aumento con respecto a las expectativas y a las metas. De este modo, te obligas a hacer más de lo que puedes, con lo que aunque alcances altos logros profesionales, deportivos o de otro tipo, siempre acabarás fracasando, porque no estarán a la altura de lo que esperas, es decir, de la perfección. A este esquema también se le llama el de «las normas inalcanzables».

«Las normas inalcanzables»

Recuerdo que en mi casa, cuando era pequeña, menos de un nueve en un examen era una mala nota y objeto no solo de crítica, sino de regañina. En la actualidad, me cuesta felicitar a mis hijos por sus notas si no son sobresalientes; lo hago, pero ellos notan que para contentarme han de sacar nueves o dieces, lo que les crea una presión nada beneficiosa.

Con este esquema, lo que más se teme es la crítica, y para mitigarla ejerces tal sobreesfuerzo que el resto de tu vida —tus relaciones, tu capacidad para disfrutar, etc.— se queda relegado. Aparte, tus altas exigencias aumentan el riesgo de trastornos basados en el estrés, como la colitis, las migrañas, las cefaleas…

Aunque los perfeccionistas se irritan e impacientan fácilmente, la emoción predominante es la tristeza por perderse la vida anteponiendo las ocupaciones.

Adictos al trabajo: “¡Si no paro!”

Quienes somos adictos al trabajo padecemos este esquema. Hace mucho que sé que soy adicta al trabajo. Para mí el trabajo es, por un lado, una forma de encauzar la ansiedad, ya que si estoy «ociosa» la angustia se vuelve insoportable. Por otro lado, es una vía de escape de mi malestar existencial (mientras estoy trabajando no tengo que pensar en nada más). Por último, es una forma de no responsabilizarme de mi vida sin sentirme culpable (nadie, ni yo misma, puede decirme que no estoy haciendo todo lo que puedo para salir adelante: ¡si no paro!).

En un modo muy retorcido de darle la vuelta a este esquema, he optado por volcar mi esfuerzo en lo que me apasiona, de modo que al menos lo que me quita la vida también me la da. No sé si es una estrategia muy adecuada, porque la presión y la asfixia no me las saco de encima, pero al menos siento que mi esfuerzo no es en balde.

Por otra parte, las gafas del perfeccionismo solo permiten ver los errores. Cualquier defecto que tenga lo que hagas será lo único que veas, lo único en lo que pienses, reprochándotelo. Tu crítica será implacable. Y lo mismo que haces contigo, lo harás con los demás. En cualquier situación solo buscarás los defectos, sin saber separar muy bien un criterio válido de un juicio de valor.

No devorar y no ser devorado

De nuevo, sin ser muy consciente, he ido buscando a lo largo de mi vida una estrategia para que el crítico interno no me devore y devore a quienes me rodean: dedicarme profesionalmente a la crítica. He convertido detectar errores (yo los llamo puntos de mejora ;-)) en mi profesión. Soy muy buena en eso. Solo se trata de encontrar a las personas a las que esa tendencia mía —convertida en vocación— pueda beneficiar, y contenerme ante aquellas para las que pueda ser perjudicial.

Recuerdo a una pareja que tuve (por poco tiempo) a la que machaqué mucho con eso: «Cuando te conocí —me dijo en una ocasión, pocas semanas después de encontrarnos por primera vez— yo no tenía ningún conflicto. Ahora ya tengo tres o cuatro, y de envergadura». No es que yo le creara los conflictos, por supuesto, pero no podía evitar rascar en los puntos ciegos hasta sacarlos a la luz. Después de eso aprendí que un exceso de indagación puede ser dañino para quien no está preparado para ello.

Signos por los que puedes distinguir este esquema es la sensación de presión constante y la angustia del poco tiempo que hay para hacerlo todo. También tiendes a convertir cualquier cosa en un trabajo, aunque en principio sea algo placentero (ir al gimnasio, hacer un viaje, etc.). Por otra parte, tienes fantasías sobre el día en el que, finalmente, podrás descansar y disfrutar de la vida. Pero ese momento nunca llega, porque aplazas indefinidamente las gratificaciones.

Quien es un perfeccionista aplaza constantemente las gratificaciones sin poder descansar y disfrutar realmente de la vida Clic para tuitear

En efecto, el trabajo nunca termina y todo se convierte en trabajo. Permanentemente me digo: «Necesito descansar». Y permanentemente ese descanso se sitúa varios pasos más allá. Es como perseguir el arcoíris.

La atención consciente te puede ayudar a desafiar los patrones distorsionados de pensamiento y la crítica voz interior, no exigiéndote tanto Clic para tuitear

La atención consciente te puede ayudar a desafiar los patrones distorsionados de pensamiento y la crítica voz interior, tratando de no exigirte tanto. Bajar las exigencias será un alivio, dándote tiempo para satisfacer otras necesidades de la vida y los placeres sencillos. También conviene que te rodees de personas que no te exijan demasiado y a las que gustes con todas tus imperfecciones.

 

(Basado en el libro Alquimia emocional, de Tara Bennett-Goleman).

Posts relacionados: Los esquemas mentales I (El abandono), Los esquemas mentales II (La carencia), Los esquemas mentales III (El sometimiento, Los esquemas mentales IV (La desconfianza), Los esquemas mentales V (La desvalorización), Los esquemas mentales VI (La exclusión), Los esquemas mentales VII (La vulnerabilidad), Los esquemas mentales VIII (El fracaso).

 

 

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7 comentarios
  1. Laura 16/07/2019

    ¡Madre mía! Ya cuando leí la frase “también tiendes a convertir cualquier cosa en un trabajo” no pude más que sonreírme… este post casi en su totalidad parece escrito para mí o por mí. Padezco este esquema, toda mi vida lo he practicado y con los años lo fui “perfeccionando” hasta dormir mal varias veces a la semana y sentir mucha presión en el pecho con frecuencia por la ansiedad de no llegar. Ahora llevo unos 3 años en proceso de concienciación, pero no es fácil después de 40 años afianzando un hábito. Yo estoy tratando de practicar el deshacerme de tareas, y ponerle nombre a las cosas: muchas de las que hago NO SON trabajo aunque las incluya en mi lista de deberes “generadores de angustia”, y es gracioso como cada ciertos días una parte de mi cerebro necesita volver a la angustia. Ahí vamos…
    Gracias por el post, es bueno sentirse acompañado.

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    • Maribel 16/07/2019

      Ojo, querida Isa. Hace unos años me reía con Blanca cuando me felicitaba x llevar tan bien el trabajo, la familia, la práctica, los viajes y todo el saco personal a la espalda. Y yo me decía que cuando me jubilara todo sería menos agotador. Pues bien, jubilada continue con el patrón y ahora la vida, por cojones, me ha parado. Por lo tanto. Para, toma vacaciones post retiro xq el estrés se acumula y el cuerpo te pone la zancadilla. Besos de tu hermana y fan

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      • laura 16/07/2019

        Es cierto Maribel, cuando uno sigue esos patrones la vida de una forma u otra te hace vivir situaciones que ya te obligan a plantearte el hecho de parar la carrera (perdón que me meta porque el mensaje no era para mí :D)

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      • Isabel Cañelles 16/07/2019

        Gracias por recordármelo, Maribel. Me viene bien. Como le decía a Laura, meterme presión no sirve de mucho, pero recordar que si a las cosas no les pones límites los límites se imponen por ellos mismos siempre viene bien. Sin prisa pero sin pausa.

        Un abrazo enorme, hermanita vajra,

        Isa

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    • Isabel Cañelles 16/07/2019

      Gracias, Laura. Muchas gracias por compartir tu experiencia, porque yo también me siento acompañada por las personas que sufren lo mismo que yo. Solo los que padecemos estos esquemas sabemos lo enormemente dificultoso que es salir de ellos. Y sí, yo también meto en la agenda cosas que no deberían angustiarme sino relajarme, pero al meterlas ya parece que se convierten en trabajo. Por eso le he pegado un mordisco a la agenda e ir a la piscina mañana, no lo he “programado” previamente.

      Lo bueno de todo esto es que gracias a familiarizarnos con estos patrones van aflojándose poco a poco. No es algo que se pueda forzar, porque tratar de irse al extremo contrario no funciona. Pero lo de ir introduciendo “truquitos” y echándole paciencia, comprensión y sentido del humor a mí sí me está sirviendo.

      Un abrazo fuerte,

      Isa

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  2. Harry 17/07/2019

    No padezco este patrón sino todo lo contrarío.Hombre tenía que ser!. No obstante he disfrutado mucho tanto del contenido como de la forma en que está escrito.

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    • Isabel Cañelles 17/07/2019

      Gracias, Harry :-). Pero apuesto a que conoces a alguien así ;-).

      Besos,

      Isa

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