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LOS ESQUEMAS MENTALES VII (LA VULNERABILIDAD)

Pelota de tenis lanzada al aire

 

25 de marzo de 2019

Según Tara Bennett-Goleman (en su libro Alquimia emocional), el lema del esquema de la vulnerabilidad es «El mundo es un lugar peligroso». En el centro del esquema subyace el miedo a la pérdida de control, y la emoción que lo acompaña es un temor y una angustia exagerados a  que ocurra alguna catástrofe. Se puede exagerar un pequeño hecho preocupante hasta convertirlo en un completo desastre imaginado. Como dijo Montaigne, el filósofo francés del s. XVII:

«Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron».

Problemas o catástrofes

La raíz del esquema de la vulnerabilidad generalmente puede rastrearse en un padre o madre que tuvo la misma tendencia a convertir los problemas en catástrofes. O también puede que hubiese una época en que el niño sintió que algo malo estaba a punto de suceder. En ambos casos, el niño aprende a preocuparse excesivamente, ya sea por seguir el modelo del padre o la madre o porque había problemas reales de los que preocuparse. En la edad adulta la angustia puede fijarse en cualquier dominio de nuestra vida: las finanzas, la carrera, la salud o la seguridad física.

La angustia desproporcionada es la marca del esquema de la vulnerabilidad. Clic para tuitear

La alerta de la angustia ante una crisis verdadera o una amenaza es positiva, porque nos moviliza para una acción necesaria (como proteger las ventanas ante el aviso de un huracán o instalar un sistema de alarma después de varios robos en el barrio). Pero el hábito de protegerse se convierte en una disfunción cuando se vuelve más general, dejándonos demasiado preocupados por situaciones perfectamente normales (como, por ejemplo, que un ser querido haga un viaje en avión). La angustia desproporcionada es la marca del esquema de la vulnerabilidad.

Este esquema puede despertar tanta aversión a los riesgos que quizá nunca viajemos con medios que imaginamos demasiado peligrosos, o incluso podemos privarnos de salir por la noche por miedo a ser atacados. En su forma extrema, puede asumir la forma de fobias como el miedo a volar, a los gérmenos o incluso a conducir. La gente proclive a los ataques de pánico suele ser víctima de este esquema.

Otra forma de afrontar este esquema es correr riesgos injustificados, como hacen algunas personas que practican deportes de riesgo (caída libre en paracaídas, parkour, etc.). Estas personas juegan con el destino para demostrarse que sus temores están fuera de lugar.

Tanto la aversión a los riesgos como correrlos injustificadamente forman parte de víctimas del esquema de vulnerabilidad Clic para tuitear

La angustia de viajar

Recuerdo que cuando era pequeña tenía esa sensación de angustia en bastantes ocasiones, por ejemplo cuando íbamos a salir de viaje. No era exactamente miedo a que pasase algo malo en el viaje, sino más bien lo que pasaba era que algo horrible e inadmisible YA estaba sucediendo. El hecho de salir de viaje en sí estresaba tanto a mi madre que yo vivía los preparativos con muchísima angustia. Siempre habíamos preparado mal las cosas, o me había olvidado de tomarme la pastilla contra el mareo, o era imposible que cupieran las cosas en el maletero, o mi padre conducía tan mal que nos iba a parar la policía, o se nos había olvidado cerrar las ventanas de la casa y nos iban a robar o… Y cualquiera de estas cosas se vivía como si fuese una catástrofe de grado mayor.

La sensación de tragedia era tan generalizada en mi vida que he llegado hasta a normalizarla

La preocupación y la sensación de tragedia era generalizada y constante en mi casa, hasta el punto de que en mi vida he llegado hasta a normalizar la tragedia, lo que puede parecer paradójico. Todo iba a salir mal seguro: mi padre se iba a morir de cáncer por fumar tanto, yo estaba tan delgada que también me iba a morir, el dinero no llegaba a fin de mes, la ropa se nos quedaba pequeña, hacer la comida era un infierno, en la calle había que tener mucho cuidado con la gente, los hombres eran peligrosos, si no te abrigabas lo suficiente no es que te fueses a coger un catarro, es que parecía que se iba a acabar el mundo, a mi madre la íbamos a «matar» a disgustos… En definitiva, vivíamos en un estado de excepción permanente.

Recuerdo especialmente el miedo que tenía mi madre, y que heredé, a que si estaba cerca de unos chavales jugando al fútbol, le dieran un balonazo. Y cómo esa sensación angustiosa, encima, parecía atraer los balones hacia ella. Y hacia mí. Creo que he pasado mi existencia con la postura (física y psíquica) de quien se protege de un posible balonazo, con la sensación angustiosa de que algo horrible iba a suceder. Y más allá, con la sensación de que algo horrible estaba ya sucediendo, pero que yo no me estaba dando cuenta y, por tanto, no podía hacer nada para evitarlo. Y, lo peor de todo, la única culpable de ello era yo.

He pasado mi existencia con la postura física y psíquica de quien se protege de un posible balonazo

Atención consciente frente al esquema de vulnerabilidad

Si crees que padeces este esquema, la atención consciente puede ayudarte a dominar y desafiar los pensamientos atemorizantes de manera que puedas verlos sencillamente como pensamientos, y no como la realidad. Si compruebas una y otra vez la falta de realidad de dichos pensamientos, puedes comenzar a ser más libre en el terreno emocional. Por otra parte, los efectos relajantes de la meditación pueden aquietar las olas de la angustia que recorren tu cuerpo cuando se desata este esquema. A la larga, los antiguos miedos dejarán de dictarte todo lo que tienes que hacer.

La atención consciente y los efectos relajantes de la meditación pueden aquietar la angustia que desata el esquema de vulnerabilidad Clic para tuitear

A veces, cuando grito a uno de mis hijos porque se le ha caído un trozo de carne fuera del plato como si eso fuese la cosa más horrible que podía suceder justo en ese momento, como si nuestra familia estuviese maldita sin remisión porque uno de sus miembros no es capaz de comer con cuidado… ellos me miran, extrañados, y me dicen: «Mamá, no es para tanto». Entonces doy gracias porque ellos no están tan subyugados por el esquema de la vulnerabilidad como yo, y me despiertan de mi tétrica pesadilla con su inocente extrañeza.

Entonces, en esos momentos, cuando tengo la suerte de darme cuenta del estado de alarma permanente en el que vivo… agarro el balón con rabia entre las dos manos y lo lanzo con todas mis fuerzas a tomar por culo.

 

(Basado en el libro Alquimia emocional, de Tara Bennett-Goleman).

Posts relacionados: Los esquemas mentales I (El abandono), Los esquemas mentales II (La carencia), Los esquemas mentales III (El sometimiento, Los esquemas mentales IV (La desconfianza), Los esquemas mentales V (La desvalorización), Los esquemas mentales VI (La exclusión).

 

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1 comentario
  1. marusela 30/03/2019

    Hola Isa, deberías escribir un libro con esta serie de reflexiones. Es una pena que no llegue a un gran número de lectores, son estupendos.
    Un beso grande.

    Responder

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