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Pájaros en el aire

Pájaros en el aire_prologo

Prólogo del libro de relatos ‘Pajaros en el alambre’, de Relee

Prólogo de Pájaros en el alambre, nuevo libro de relatos de los alumnos/as de los talleres de Isabel Cañelles

Como un pájaro en un alambre,
como un borracho en un coro de medianoche,
he intentado a mi manera ser libre
Bird on the wire, Leonard Cohen

Bird on the wire es el título de una preciosa canción de amor de Leonard Cohen. La tengo puesta mientras estoy escribiendo estas líneas. Había 57 propuestas de título para este libro de relatos, y entre sus autores y autoras votaron por este: Pájaros en el alambre. ¿Por qué?, te preguntarás.

Hace un par de años escribí un artículo titulado Birds on the wire, en el que hablaba de que, al comienzo del curso de los talleres literarios, los grupos que ya llevan dos o tres años conmigo me traen a la mente la imagen de unos cuantos pájaros prendidos con sus patitas en un cable, algo inquietos, como esperando algo, sin atreverse aún a volar… intentando, a su manera, ser libres, como dice la canción.

Porque esto —escribir— no va de entretenerse contando mentiras. En esto nos va la libertad. Es decir, nos va la vida.

Porque esto —escribir— no va de entretenerse contando mentiras. En esto nos va la libertad. Es decir, nos va la vida. Y posiblemente hasta que uno no lleva bastante tiempo escribiendo no se da cuenta de hasta qué punto vive en una cárcel, y qué sólida la hacemos, y cuánto necesitamos la creatividad para romper los barrotes.

Enjaulados

Prisioneros por los obstáculos

Ha sido un curso extraño, plagado de obstáculos para todas estas personas a las que vas a leer. Ha habido que luchar contra la enfermedad. Contra el desempleo. Contra trabajos de mierda. Contra unos horarios laborales descabellados. Demasiados viajes. Países gélidos. Desastres naturales. Hijos que atender. Suegros en el hospital. Muertes de familiares. Y de amigos cercanos. Y de mascotas. Una adolescente atropellada. Operaciones de corazón. Y de pie. Y de otros órganos. Tumores. La propia psique, que nos juega malas pasadas. Ha habido lágrimas. Confesiones. Y un embarazo amparado por el grupo al que auguramos un final feliz.

Ha habido lágrimas. Confesiones. Y un embarazo amparado por el grupo al que auguramos un final feliz.

Algunas personas se han quedado por el camino, han decidido anidar aquí o allá, hibernar hasta que lleguen tiempos mejores para la ficción. Otros, estos veinticinco autores y autoras a los que estás a punto de leer, son algunos de los supervivientes, los que se han aferrado al alambre con garras y pico. Es muy fácil apuntarse a un curso de creación literaria. O de pilates. O de macramé. O a un gimnasio. Pero ¿y cuando se pasa la excitación del principio? ¿Qué ocurre cuando se impone eso a lo que llamamos realidad, ese agujero negro que todo se lo traga? ¿Qué pasa cuando transcurren los meses, y los años, y seguimos sin apenas tiempo para escribir? ¿Qué ocurre si seguimos cometiendo fallos (en la vida y en la literatura)? Para todo el mundo hay un punto de inflexión en el camino del aprendizaje, en el que piensas que vas hacia atrás en lugar de hacia delante, posiblemente porque en el fondo no hay adelante ni atrás, sino solo un progresivo acercamiento a la desnudez, que a su vez aumenta la claridad con la que vemos los defectos.

La desnudez y la claridad asustan (implican soltarse del alambre).

Pero la desnudez y la claridad asustan (implican soltarse del alambre). Y los obstáculos proliferan, no desaparecen porque nosotros queramos encontrar un hueco apacible en nuestra vida para escribir.

Solo hay una forma de superar estos obstáculos, y es ponerlos a tu favor para tomar impulso.

Solo hay una forma de superar estos obstáculos, y es ponerlos a tu favor para tomar impulso. Y eso es lo que hacen estos autores y autoras con su ficción. Poner a su favor (y al tuyo, lector) la violencia (Blanca), la estupidez (César), el control (Esperanza), la pérdida de la identidad (Ángeles), la frustración (Fortunata), la agresividad (Iván), la distancia entre hermanos (Matilde Tricarico), el desahucio (Yolanda), la invisibilidad (Jaime), la falta de iniciativa (Mercedes), el abuso del alcohol (Mayo), la muerte del ser amado (José Mª), la competitividad (Laura), la pobreza (Ligia), la vergüenza (Carolina), la frialdad (Luis Mª), la ira (Almu), el olvido (Luisa), la enfermedad (Ana Mª), el maltrato de género (Adela), el desprecio y la sumisión (Matilde M. Amores), la incomprensión (Marta), el arrepentimiento (Antonio), la discriminación de la mujer (Nedda) e incluso la falta de tiempo para escribir (Silvina).Brazos contra su vuelo

Es una proeza, yo no sé cómo lo han hecho. Yo veía cómo día a día, mes a mes, se agarraban al cable con la lengua fuera, aunque miles de brazos (humanos y metafóricos) estiraban de ellos en sentido contrario. Y ellos conseguían integrar esos estirones, cada uno limando los barrotes de su cárcel particular a golpe de ficción.

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