fbpx

Post - Título oculto

Sobre la frialdad de Borges

Con los cuentos de Jorge Luis Borges está claro que es difícil llorar y casi sentir pena o alegría por lo que les ocurre a los personajes. Y sin embargo, me acuerdo de «El Aleph» y me entra el vértigo; pienso en «La casa de Asterión» y siento desazón en la garganta; recreo los actos de Emma Zunz y me entran escalofríos. Yo creo que Borges propone, en efecto, un juego intelectual, un rompecabezas que el lector tiene que resolver con su inteligencia. En ese sentido, leer sus cuentos produce un placer frío, casi matemático, como el de resolver una ecuación de tercer grado; y la sensación de que todo encaja, de que no sobra ni falta ninguna pieza. Y si uno se queda ahí, pues sí, Borges no conmueve, Borges es de acero, Borges no se parece en nada al Cortázar que nos dice que:

Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.

Cuando un cronopio canta, las esperanzas y los famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.

Leer sus cuentos produce un placer frío, casi matemático, como el de resolver una ecuación de tercer grado

Esto va directo al corazón. Como un cuadro de Miró, produce una alegría inmediata e incontenible. Los cuentos de Borges, sin embargo, son de largo recorrido. Primero pasan por la inteligencia y después, si uno observa con atención el resultado del problema, se da cuenta de que tiene ante sus ojos una golondrina herida, un destino truncado, la soledad del perdedor, la otra cara del sol… Y entonces llora por el pobre Asterión, y se permite sentir un hondo dolor por la frialdad con que Emma se dirige al puerto, y se imagina en un sótano oscuro viendo en el mismo instante lo ocurrido en todos los lugares y en todos los tiempos…

Borges primero pasa por la inteligencia y después, a través del laberinto y la paradoja, en ultima instancia, se dirige al sentimiento humano. 

Por medio del rompecabezas, del laberinto, de la paradoja, Borges se dirige, en última instancia, al sentimiento humano. Y cuando el lector consigue llegar hasta el final del camino, o cuando Borges consigue que el lector llegue, el placer ha sido doble porque, tras la reconstrucción intelectual, la emoción te estalla en la cara como el sol al salir de un portal umbrío.Ecuaciones matemática y cuentos

No sé en qué momento me di cuenta de que la frialdad de Borges era solo aparente. Como esas películas de las que sales indiferente o diciendo que la fotografía era buena y a las dos semanas te descubres, al caminar sola en una tarde lluviosa, llorando al recordar la imagen de la protagonista en una situación similar; que de pronto se convierten, al mezclarlas con otros elementos cotidianos, en símbolo de algo real y tangible.

Es verdad que Borges no se lo pone fácil al lector, no le apresa el corazón en la lectura… y con eso pierde una buena parte de lectores que no están dispuestos a leer algo con la razón. Quizá se pueda comparar a la ópera. Cuando te dejas atrapar por ella, la emoción se multiplica, pero hay que hacer un esfuerzo previo, y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Pero merece la pena.

La lectura de Borges se puede comparar a la ópera, hay que hacer el esfuerzo previo, dejarse atrapar por ella, pero después la emoción se multiplica, y todo merece la pena. 

Esta faceta menos evidente de Borges —su cara oculta y casi sentimental— es sin embargo esencial en su literatura, la que quizá no han sabido aprehender muchos de sus imitadores, que se quedan en la superficie de su aspecto de relojero, de fabricante de maquinarias perfectas de precisión. Pero dichas maquinarias no aportarían mucho a la humanidad si no llevaran dentro, en el centro mismo de su aparejo, el pequeño corazón palpitante del propio Borges.

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicado. Los campos obligatorios están marcados como *



seis + once =

¿Quieres eprender a escribir y meditar?

Suscríbete y recibirás gratuitamente una guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños

¿Quieres conocer mis cursos?

¿Quieres aprender a escribir y meditar?

Suscríbete y recibirás gratuitamente una guía para escribir y meditar. Tendrás además acceso a artículos semanales sobre escritura, meditación y trabajo con las emociones, así como a recursos para vivir con plenitud y sin autoengaños