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¿TE AVERGÜENZA GANAR DINERO? A MÍ SÍ

El dinero:Tacos de monedas con tallo verdes creciendo

11 de abril de 2019

Este año mi propósito y donde estoy enfocando todas mis energías es en procurarme una estabilidad económica, cosa que a los emprendedores nos cuesta Dios y ayuda, entre otras cosas porque a los autónomos el Estado nos trata con los impuestos como si fuéramos empresarios ricachones, aparte de que no podemos ponernos enfermos ni aspirar a cobrar una pensión decente en el futuro.

Mis patrones te llevan a considerar que ganar dinero es indecoroso y que vender tu trabajo es «prostituirte» Clic para tuitear,

Pero dejando de lado esas cuestiones infranqueables, si además tus patrones te llevan a considerar que ganar dinero es indecoroso y que vender tu trabajo es «prostituirte», te puedo asegurar que respirar tranquila a finales de cada mes se convierte en un lujo.

En mi familia mi padre ganaba el dinero y mi madre lo manejaba. Y siempre parecía que no iba a alcanzar para acabar el mes, con lo que el nivel de ahorro llegaba hasta el extremo de mantener la temperatura de la casa en invierno a 15 grados. Mi padre, por su parte, era un manirroto. Le daba bastante igual el dinero. Era comunista y llevó su ideología a rajatabla. Creo que incluso no veía una relación directa entre su trabajo y el dinero de la nómina que todos los meses entraba en la cuenta bancaria. Yo he sacado una mano de mi padre (la que deja que se escape el dinero por ella despreocupadamente) y otra mano de mi madre (la de la angustia de estar siempre con el agua al cuello).

INGRESOS => GASTOS

Ahora me veo en la tesitura, a mis cincuenta años, de resolver esto. Tuve una casa; la perdí. Tuve ahorros; los dejé y los gasté. Tuve una empresa; la vendí a precio de saldo. He partido de cero como cinco o seis veces en mi vida. Y cuando digo de cero, quiero decir también de 0 euros en el banco. Como mi padre, nunca he sabido ver la relación entre trabajar, trabajar y trabajar, y el dinero que necesito para vivir, con lo cual no hay una correspondencia directa (ni mucho menos) entre mis horas de trabajo y mis ingresos.

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Y todo por esa especie de vergüenza que me embarga cuando tengo que decir: «Mi trabajo vale tanto». Ahora veo bien claro a dónde me ha traído ese patrón —y a dónde me llevará si sigo siendo perezosa en contrarrestarlo—, pero no ha sido tan fácil darme cuenta de ello, quizá porque supone reconocer que he hecho el pringado demasiadas veces.

Y de lo que me he dado cuenta es de que esta situación (a la que me he dejado arrastrar por una premisa tan absurda como que «ganar dinero es malo») no es justa para nadie. No es justa para mí, porque me estoy dejando la salud por el camino. No es justa para mis hijos, que tienen que consentir que sus habitaciones sean alquiladas por airbnb las semanas que están con su padre, aparte de ver a su madre permanentemente pegada a la pantalla de un ordenador. No es justo para mis alumnos/as, porque tengo que hacer demasiadas cosas a la vez como para poder implicarme en cada curso como se merece. ¿Y todo por qué? Porque no soy capaz de entender internamente que el nivel de ingresos tiene que ser por lo menos igual (pero mejor si es algo mayor) al nivel de gastos.

Así que ese es mi propósito y objetivo para este año. He visto (en parte gracias al curso de marketing y ventas que estoy haciendo con Laura Ribas) que subir los precios o hacer que una persona pague un curso completo y, por tanto, se comprometa a seguirlo (como se hace con la matrícula de la universidad) no es una aberración, sino que es la única manera de que yo pueda vivir de mi trabajo y dejar de ser hostelera a la vez que profesora, editora, empresaria, madre y ama de casa. Del sexo ni hablamos ;-).

Mi trabajo es muy valioso, porque nace de la pasión. Es donde he volcado mi vida y quien soy yo, es donde vuelco cada gota de experiencia y donde soy capaz de abrirme sin condiciones Clic para tuitear

Me he dado cuenta de que esto va a repercutir en el bien de todos. Va a repercutir en mi salud, porque no es ya la carga de trabajo que tengo, sino el estrés que supone saber que a lo mejor el siguiente mes no podré pagar el alquiler. Va a repercutir en mis alumnos/as, con los/las que me podré implicar mucho más, al no tener que estar pendiente de si me pagan ese mes o les da por irse de vacaciones mientras yo me quedo sin ellas. Va a repercutir en mis hijos, que verán a su madre de vez en cuando, y menos estresada. Va a repercutir en las personas que trabajan conmigo, a las que apenas puedo pagar, o he de hacerlo a base de trueques. Va a repercutir hasta en mi madre, pues cuanto más me desvincule de los patrones heredados, más posibilidades hay de que me reconcilie con ella.

VIVIR TRANQUILA Y SANA

Y, por último, me he dado cuenta de que mi trabajo es muy valioso, porque nace de la pasión. Es valioso en dinero y es valioso por cosas que no se pueden pagar. No es algo que haga por cumplir. Es donde he volcado mi vida y quien soy yo. Lo que doy no son cursos o talleres cualesquiera: es donde vuelco cada gota de experiencia y donde soy capaz de abrirme sin condiciones. Pero para hacerlo sin estrés y sin dejarme la salud, he de poder vivir de ello.

Mi amigo Víctor Ríos, que fue mi terapeuta durante muchos años y que me va a ayudar con el acompañamiento «Romper el hielo», me decía el otro día que a veces, para realizar determinadas acciones en nuestra vida, tenemos que «legalizarnos» internamente a nosotros mismos. Supongo que eso es lo que estoy haciendo al escribir este artículo: legalizarme o legitimarme para ganar el dinero que necesito para vivir el resto de mi vida tranquila y sana. VIVIR TRANQUILA Y SANA. Lo digo y me parece que pido demasiado. Y, sin embargo, es lo mínimo a lo que una puede aspirar después de treinta años trabajando a destajo, ¿no?

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2 comentarios
  1. marusela 24/04/2019

    Hola Isa, te apoyo por completo. Como alumna y, creo que amiga, debo decirte que tu “trabajo” es de los que ayudan a ser más felices y mejores personas. Decía Serrat en su Soneto a mamá, que no hay que confundir valor y precio. Así que aunque no haya dinero en el mundo para pagar cosas como estas, debe haber recompensa en consonancia con esa entregada labor. Ánimo luchadora.
    Un besito.

    Responder
    • Isabel Cañelles 24/04/2019

      Muchas gracias, Marusela, eres un amor :-).

      Responder

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