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Trastorno de trauma del desarrollo

TTD_ TRASTORNO DE TRAUMA DEL DESARROLLO

Sigo con el libro El cuerpo lleva la cuenta (cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma). Ya voy por la página 242, y me voy enterando de más cosas sobre lo que me ocurre. Es terrible y a la vez apasionante leer un libro realmente escrito para mí. Y para mucha más gente, lo sé. Pero lo leo envuelta en una intimidad muy especial. Y a la vez, lo voy compartiendo —aparte de con las personas que leen estos posts— con unos pocos amigos (muy pocos) que me consta que se encuentran en una situación parecida a la mía, que están preparados para afrontar su situación y que se lo leerán cubiertos por la misma manta de intimidad. Hay una especie de atracción —a veces rechazo— entre los corazones solitarios que han sufrido el maltrato, la agresión o el abandono. Nos reconocemos mutuamente y, a veces, permitimos que nuestras heridas se toquen y sientan mutuamente su ardor incólume, eterno en la atemporalidad del trauma.

Me he enterado de que, aunque los síntomas que tengo son de trastorno de estrés postraumático (TEPT), mi dolencia en particular se denomina trastorno de trauma del desarrollo (TTD), pues el trauma que lo provocó se dio en la primera infancia y no fue algo puntual sino continuado. Luego se han superpuesto otros traumas, ya que las personas que desarrollamos este trastorno somos más proclives, a lo largo de la vida, a vernos envueltas en situaciones a su vez traumáticas. En mi caso, diría que me convertí en una víctima propiciatoria, por mi sed de cariño y la dependencia que desarrollaba de quienes me lo daban.

El TTD es un trauma que se produce en la primera infancia y no de modo puntual, sino continuado

En mi lectura, no he podido evitar ojear otras partes del libro, y en la página 412 he encontrado las claves del diagnóstico, que me gustaría compartir (pondré en negrita aquello en lo que me veo reflejada):

PROPUESTA DE CRITERIOS CONSENSUADOS PARA EL TRASTORNO DE TRAUMA DEL DESARROLLO

A. Exposición. El niño o adolescente ha experimentado o ha sido testigo de múltiples o prolongados episodios adversos durante un periodo de cómo mínimo un año a partir de la infancia o de la adolescencia temprana, incluyendo:

A.1. Experiencia directa de repetidos y graves episodios de violencia interpersonal o presencia en ellos; y

A.2. Alteraciones significativas en los cuidados de protección como resultado de los cambios repetitivos de cuidador principal, o exposición a un maltrato emocional grave y persistente.

B. Desregulación afectiva y fisiológica. El niño presenta unas competencias normativas de desarrollo disminuidas relacionadas con la regulación de la activación, incluyendo al menos dos de las siguientes:

B.1. Incapacidad de modular, tolerar o superar estados de afectos extremos (por ejemplo, miedo, ira, vergüenza), incluyendo berrinches prolongados y extremos, o inmovilización.

B.2. Alteración en la regulación de las funciones corporales (por ejemplo, alteraciones persistentes del sueño, de la alimentación y de la eliminación; reactividad exagerada o insuficiente al tacto y a los sonidos; desorganización durante transiciones rutinarias).

B.3. Conciencia disminuida/disociación de sensaciones, emociones y estados corporales.

B.4. Capacidad reducida para describir emociones o estados corporales.

C. Desregulación de la atención y la conducta. El niño presenta unas competencias normativas de desarrollo reducidas en relación con la atención sostenida, el aprendizaje o el manejo del estrés, incluyendo al menos tres de las siguientes:

C.1. Preocupación por una amenaza, o capacidad reducida de percibir la amenaza, incluyendo la mala interpretación de las señales de seguridad y peligro.

C.2. Capacidad disminuida de autoprotección, incluyendo la incursión de riesgos extremos o búsqueda de emociones extremas.

C.2. Intentos inadaptados de autorrelajación (por ejemplo, mecerse y otros movimientos rítmicos, masturbación compulsiva).

C.3. Autolesiones habituales (intencionadas o automáticas) o reactivas.

C.4. Incapacidad de iniciar o mantener un comportamiento orientado a objetivos.

D. Desregulación del yo y relacional. El niño presenta competencias normativas de desarrollo disminuidas en la percepción de su identidad personal y su implicación en las relaciones, incluyendo al menos tres de las siguientes:

D.1. Intensa preocupación con la seguridad del cuidador o de otras personas queridas (incluyendo cuidados precoces) o dificultades en tolerar la reunificación con ellos tras la separación.

D.2. Percepción negativa persistente del yo, incluyendo autoaversión, impotencia, inutilidad, ineficacia o defectuosidad.

D.3. Desconfianza extrema y persistente, desafío y falta de comportamiento recíproco en las relaciones estrechas con adultos o semejantes.

D.4. Agresividad física o verbal reactiva hacia semejantes, cuidadores u otros adultos.

D.5. Intentos inapropiados (excesivos o promiscuos) de lograr un contacto íntimo (incluyendo pero no limitado a la intimidad sexual o física) o dependencia excesiva en semejantes o adultos para sentirse seguro y afirmado.

D.6. Capacidad disminuida de regular la activación empática evidenciada por la falta de empatía o la intolerancia hacia las expresiones de malestar de los demás, o respuesta excesiva al malestar de los demás.

E. Síntomas del espectro postraumático. El niño muestra al menos un síntoma de al menos dos de las tres categorías de síntomas B, C y D del TEPT.

F. Duración de la alteración (síntomas de TTD, criterios B, C, D y E) de cómo mínimo seis meses.

 G. Disminución funcional. La alteración provoca una alteración o disminución clínicamente significativa de al menos dos de las siguientes áreas de funcionamiento:

G.1. Escuela

G.2. Familia

G.3. Grupo de semejantes

G.4. Legal

G.5. Salud

G.6. Profesional (para los jóvenes que tienen o que buscan un empleo, un trabajo de voluntariado o una formación profesional)

__________________________________

Aunque solamente he transcrito un par de páginas de un libro y he puesto algunas negritas, me encuentro exhausta física y emocionalmente. En algunos puntos he dudado, como en si jugar de manera repetida y compulsiva con un gato hasta tener las manos y los brazos completamente cubiertos de arañazos porque eso me hacía sentir viva se podría considerar «autolesión», o si las ganas de mecerse para autorrelajarse sin llegar a hacerlo (por pura parálisis) contaría. ¿Y el uso de la literatura como evasión (o salvación)? ¿Y por qué no incluye el cuestionario el ponerse enfermo continuamente para tratar de captar la atención de los cuidadores?

Reconocer lo que me ha ocurrido, lo sé, es un paso imprescindible; pero no es nada fácil. Siento aún una especie de incredulidad, como si no me acabase de reconocer en esta persona que está transcribiendo un libro de psiquiatría y poniendo las negritas en un test diagnóstico… lo que pasa es que eso (la despersonalización) es un síntoma más del trastorno.

Reconocer lo que me ha ocurrido es un paso imprescindible, pero no es nada fácil

Me gustaría contar —contaros— muchas cosas más: cómo van variando mis percepciones con respecto a mi madre (que, obviamente, padecía el mismo trastorno que me trasladó); cómo el otro día hablé con mis hijos (quienes, VICTORIA, no se adecúan a este diagnóstico) de lo que me ocurre; cómo el área cerebral del autoconocimiento puede ayudar a reparar las disfunciones del área límbica; qué es lo que me ha ocurrido en estos días de retiro de meditación en el ámbito relacional (con mis compañeros de sangha) y también mental…

En vez de eso (habrá tiempo para todo) voy a transcribir otro pedacito más del libro, que me da calor y esperanza:

Nadie puede «tratar» una guerra, un maltrato, una violación, un abuso sexual o cualquier otro acontecimiento horrendo. Lo que ha sucedido no se puede deshacer. Pero lo que sí se pueden tratar son las huellas del trauma en el cuerpo, la mente y el alma: las sensaciones aplastantes en el pecho que podemos etiquetar como ansiedad o depresión; el miedo a perder el control; estar siempre en alerta ante el peligro o el rechazo; el odio hacia uno mismo; las pesadillas y los flashbacks; la niebla que nos impide concentrarnos y dedicarnos totalmente a lo que estamos haciendo; la incapacidad de abrir por completo nuestro corazón a otro ser humano.

El trauma nos arrebata la sensación de control sobre nosotros mismos. El reto de la recuperación es volver a adueñarnos de nuestro cuerpo y de nuestra mente, de nosotros mismos. Esto significa sentirnos libres de saber lo que sabemos y de sentir lo que sentimos sin acabar abrumados, enfadados, avergonzados o colapsados. Para la mayoría de las personas ello implica: (1) encontrar el modo de permanecer tranquilos y centrados, (2) aprender a mantener esta calma ante imágenes, pensamientos, sonidos o sensaciones físicas que nos recuerdan el pasado, (3) encontrar el modo de estar completamente vivos en el presente interactuando con las personas que nos rodean, (4) no tener que guardar secretos sobre nosotros mismos, incluyendo secretos sobre las cosas que nos han permitido sobrevivir.

Esto, no guardar secretos, contar abiertamente lo que me sucede en este blog y compartirlo con aquellas personas a las que les apetezca (no sé si «apetecer» sería la palabra) leerlo, me alivia profundamente.

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15 comentarios
  1. Lidia 03/04/2018

    GRACIAS VALIENTE ISABEL.
    Me veo en ti, ya la vez duele en mi recuperación procuro el equilibrio, que no me es fácil, entre RE_sentir los lugares que quedaron deshabitados y poner foco en dasarrollar y potenciar los que me conectan con la encarnación, la vida y la alegría.
    Para mi lo que requiere más cuidado es esa inercia, ese automático de esfuerzo y aguante, que me lleva a estar atenta para parar, y poder elegir con más libertad y salud para mi.
    Hay un psicólogo Manuel no recuerdo el apellido, en Facebook especialista en apego, es un ser Maravilloso, tb por si le quieres echar vistazo.
    Gracias de nuevo. Un abrazo.

    Responder
    • Isabel Cañelles 03/04/2018

      Gracias, Lidia. Suena muy bien el enfoque que le das a tu recuperación. Yo he avanzado hasta ahora de modo intuitivo por el camino de la meditación, la terapia, el ejercicio físico, una alimentación sana y un ambiente de tranquilidad (suelo trabajar sola en casa, o las clases con los alumnos)… A partir de ahora, con mi terapeuta, trataremos este tema en concreto, y veremos cómo va la cosa… Ya nos iremos contando :-). Me resulta sanador poder compartir esto con otras personas a las que les pasa lo mismo y quieren salir de ahí. Un abrazo muy fuerte,

      Isa

      Responder
  2. Sole 03/04/2018

    Desde que leí tu primer post es como si algo en mi interior me dijera que en ese libro encontraría alguna de las claves de esa angustia y de esa soledad que me acompaña desde que tengo uso de razón. Lo compraré esta semana y te iré contando, pero tú sigue compartiendo.
    Un abrazo

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    • Isabel Cañelles 04/04/2018

      Ojalá encuentres respuestas, Sole. Como mínimo, aprenderás un montón de cosas sobre muchas personas que te rodean. Y el libro está escrito con muchísima empatía, ternura y exquisitez. Se nota que al autor, aparte de dársele fenomenal la psiquiatría, le gusta escribir. A la vez que es estricto y científico, se devora como una novela.

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  3. Isabel Montes 04/04/2018

    Felicitaciones por el reconocer. Ahora queda un trabajo: asumir y perdonar.
    En mi caso descubrí hace poco que mis problemas vienen de la relación con mis cuidadores, esencialmente mi madre, que culminó en lo que llaman “apego evitativo” ( John Bowlby). En la terapia del apego actual lo llaman “apego evitativo independiente”.
    Como bien señalas, el autoconocimiento y el trabajo con nuestras emociones desde la perspectiva de la compasión( tal como la experimentamos en el aprendizaje con nuestra maestra) nos dan las herramientas necesarias para sentirnos y aceptarnos tal como somos. Sin despreciar la ayuda de un buen terapeuta, claro.
    Estoy aprendiendo a desdramatizarme despues de 60 y muchos años. ¡Es estupendo! Isabel

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    • Isabel Cañelles 05/04/2018

      Muchas gracias por compartirlo, Maribel, preciosa :-). Gracias a la apertura y a la claridad que proporciona el trabajo con nuestra maestra he podido hacerme cargo de esto; si no tendría que haberlo dejado para otra vida ;-). Y la terapia, he de decirlo, también ha sido esencial en mi caso. Muchísimos besos, y seguimos avanzando en el mismo barco…

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  4. Isabel Uribe 06/04/2018

    Has creado un silencio paralizante en mi alma.
    No puedo decir nada
    Solo puedo llorar al verme allí reflejada.
    Lloro como cuando era una niña paralizada por el miedo.

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    • Isabel Cañelles 06/04/2018

      Hola, Isabel,

      Pues quizá sería bueno que te leyeras el libro, porque te da salidas viables para salir de esa parálisis.

      Un abrazo enorme y cálido para esa niña inocente, y para la mujer compasiva que también eres,

      Isa

      Responder
  5. Elisa Agudo 25/04/2018

    Te contesto al último párrafo con un rotundo ‘SÍ ME APETECE’. Efectivamente, a alguien podría parecerle absurdo, o incluso masoquista, querer leer sobre un trauma, sobre todo si pertenece a otro. Pero para mí hay dos claves: Una, ser una persona con ganas (y en su momento adecuado) de autotrascenderse. Ésta, aunque no lo parezca, es opcional y abierta a curiosos de la psique. La imprescindible, creo yo, es poder reconocerse en todo o parte de este sufrimiento. Porque eso despierta la natural empatía y nos acerca al otro, para desde ahí poder vernos a nosotros mismos con más claridad y sana compasión.

    Por fin he recolocado algunas dolorosas frases de queridísimos allegados, como “Ya está Eli con sus traumitas”, o “Jo, qué manía con eso de trabajarse”. Y he comprendido que hablar de los obstáculos que voy (o no) resolviendo no es algo que sirva (ni quiera ya) compartir con todo el mundo, porque o no saben de qué hablo, o directamente les abruma. Lo cual en ambos casos nos aleja.

    Gracias por ser uno de los seres (más) humanos con los que SÍ ME APETECE 🙂

    Responder
    • Isabel Cañelles 25/04/2018

      Gracias a ti, queridísima Elisa, por acompañarme (siempre) en este duro camino de desenmarañar los hilos de nuestra existencia.

      Responder
  6. Luis Gregorio Vicente RIco 12/06/2018

    Hola a todas queridas amigas, si ya sois mis amigas. Yo encontré este libro “El cuerpo lleva la cuenta” por pura casualidad a principios de año. Según lo iba leyendo me iba viendo reflejado en él. Por fin podía poner nombre/diagnostico a esos fantasmas que me acosan desde que tengo uso de razón.

    Si por fin el diagnóstico estaba hecho, padezco el Trastorno Traumático del Desarrollo(TTdelD), llamado por otros psiquiatras/psicólogos Trastorno por Estrés PosTraumático Complejo(TEPT Complejo). Que alivio sentí, por fin le puedo poner nombre a mi padecimiento. A esas pesadillas que me han acompañado y me siguen acompañando en mis sueños, a mis depresiones, a mi apatía, a mis miedos, a mis bajas laborales, a mis……Que gran alivio poner nombre al enemigo interno: TTdelD o TEPT complejo.

    Llevo batallando con este trastorno muchos años. El camino esta jalonado de dolorosas derrotas y también de gloriosas victorias, más la guerra continua. Perdón amigas mías, no es una guerra, pues no se puede luchar contra uno mismo, hay que aceptarse y quererse para poder empezar a sanar.

    Los tres hitos más importantes en mi caminar hacia la sanación, en mi “lucha” con el TTdelD, han sido: 1) descubrir que en mi interior habita un niño interior herido,2) la meditación y 3) por fin poder poner nombre/diagnóstico a mi padecer psiquiátrico/psicológico.

    En el tema de la meditación he sido totalmente autodidacta. Actualmente busco una sangha con la que poder meditar y compartir.

    Mi niño interior herido, ese héroe que sobrevivió a los continuos descuidos de su mamá, y a la castración sistemática y soberbia de su papá. Y lo digo lo más calmo posible, aunque sé que por dentro de mí siguen anidando más que rescoldos de esa rabia, que hay que seguir trabajando. Sí, ya sé que soy “víctima de otras víctimas”, lo sé desde hace muchos años. Más este conocimiento racional no ha sofocado mi rabia. Mi mamá falleció hace 13 años y mi papá hace 4 años. Sigo teniendo pendiente el duelo con mi madre, está por ahora aparcado pues cada vez que me pongo a ello un dolor insoportable inunda mi pecho, aún no estoy preparado para abordarlo. El cuerpo es sabio, muy sabio, y hay que escucharle y hacerle caso. Con mi padre conseguí una gloriosa victoria, cuando le diagnosticaron de su tumor maligno en fase incurable, miré a ese anciano desvalido a los ojos y empecé a querer a mi papá. Verbalicé por primera vez en mi vida “te quiero padre” dos años antes de su muerte, que gran victoria. Su enfermedad fue paradójicamente para mí, la escuela donde aprendí a amar. Los 4 últimos años de su vida no le deje nunca ni a sol ni sombra. La vida a veces escribe sus mejores pasajes con renglones torcidos, aún resuenan en mis oídos sus palabras: hijo mío que no te den el alta laboral hasta que yo me vaya ido, le faltaban dos meses para irse. Y así lo hice, le sigo echando mucho, mucho de menos.

    Actualmente llevo tomando 40 mgr de paroxetina diarios desde hace 6 años, a veces intento rebajar la dosis pero no me atrevo por ahora, pues el fantasma de la apatía/depresión sigue rondándome y la paroxetina me ayuda a espantarlo. Quizás tenga que estar con ella toda la vida como le ocurre a los diabéticos juveniles con la insulina. Con mi actual psicólogo llevo año y medio y me está ayudando mucho, procuro meditar todo lo que puedo, y en fin la lucha continua.

    Amigas mías el esfuerzo merece la pena. Lo mejor está aún por llegar. Me encantaría formar una sangha on line en este blog.

    Responder
    • Isabel Cañelles López 14/06/2018

      Hola, Luis,

      Muchísimas gracias por tu extenso mensaje y por compartir tu experiencia. Es muy valiente por tu parte. Ojalá pudiésemos establecer un diálogo o hacer un foro sobre este asunto. Aunque este no es el lugar adecuado (no es nada operativo más que para dejar algunos comentarios), sopesaré la idea, o sopésala tú, a lo mejor podrías tú montar el foro :-).

      Me siento muy identificada con todo lo que cuentas. Aunque yo no he llegado a medicarme, entiendo perfectamente qué te ha llevado a ello y el miedo a caer otra vez en el pozo.

      Te deseo mucho ánimo en el camino, y espero que sigamos compartiendo cosas.

      Un fuerte abrazo,

      Isa

      Responder
  7. Renata Moreno 03/07/2018

    Hola, qué tal.
    Muchísimas gracias por esta entrada. Me dio mucha alegría encontrarla porque me parece que hay poquísimo material en español sobre el tema. Yo también sufro de este trastorno y solo lo descubrí hace unos meses. Afortunadamente soy traductora y he encontrado más información y grupos de apoyo en inglés, pero me inquieta la poca disponibilidad de información que hay en nuestro idioma. Por lo mismo me alegra mucho y te agradezco que te hayas tomado el tiempo de hablar desde tu propia experiencia. Un abrazo y saludos desde Chile 🙂

    Responder
    • Isabel Cañelles 09/07/2018

      Muchas gracias a ti, Renata, por tus palabras. Un placer compartir contigo 🙂

      Responder
  8. Cristina 19/05/2019

    Gracias Isabel,

    Me siento profundamente identificada, es intenso leerte y a la vez reconfortante…. Una infancia dura, con unos mecanismos que se me han anclado desde lo profundo en estar tensa y alerta. Busco liberar mi cuerpo, a través del estudio y autoconocimiento, de esas corazas, que en mi se quedaron ancladas… Hacia el camino de la verdadera libertad del trauma.

    Enormemente agradecida.

    Responder

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