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Una vuelta de tuerca a la noción de trama

La trama, una vuelta de tuerca más

La definición que se suele dar de «trama», y que proviene de Aristóteles, es la de «disposición de los hechos en su sucesión causal». Para mí, esta definición resulta un poco rácana, porque aunque en su esencia es amplia, en la práctica narratológica se aplica solo a en qué orden (cronológico o no cronológico) se establecen estos hechos para mostrar al lector la cadena de causas y efectos en una historia. Es decir, el argumento sería un resumen de los hechos en orden cronológico («pasó esto y esto y esto»), y la trama un resumen de los hechos en su sucesión causal («pasó esto por esto, por esto y por esto»).

El argumento sería un resumen de los hechos en orden cronológico y la trama un resumen de los hechos en su sucesión causal 

Después los formalistas rusos le dieron una vuelta de tuerca al término «trama», destacando más su función de marcar las conexiones causales entre unos acontecimientos y otros.

Y yo (porque esto ya no viene en ningún libro) lo que hago es darle otra vuelta de tuerca a la terminología para que sea realmente útil a los escritores en ciernes, y no se quede en una mera herramienta de análisis textual. Ya que el término «argumento» apunta a la sucesión de hechos en una historia, y la «trama» a la forma en que se entrelazan dichos hechos para crear tensión e intriga, es decir, para que dichos hechos resulten trascendentes y no circunstanciales, yo (por todo el morro) voy un paso más allá, y dejo la palabra «argumento» más ligada a la sucesión de acciones concretas, mientras que me llevo la palabra «trama» al subsuelo, hacia la significación de esas acciones (lo que vendría a constituir la temática de la narración).

Y yo le doy otra vuelta de tuerca a la definición: dejo el “argumento” ligado a la sucesión de acciones concretas, y  me llevo a “la trama” al subsuelo, hacia la significación de esas acciones

Y de ahí surgen las nociones de «acción» (la sucesión de acciones que darían lugar al argumento) y «trama» (cuyo discurrir daría lugar a la temática). Cada uno de estos hilos recorren la narración de principio a fin. También se pueden usar para realizar el análisis de una sola escena, aunque esto no quiere decir que en una sola historia haya muchas tramas.

En un relato lo lógico es que haya una sola línea de acción que se corresponda con una sola línea de trama (de la misma forma que suele haber un solo protagonista y un solo conflicto). En una novela pueden darse varias líneas de acción (con varias subtramas), aunque es necesario que todas ellas se correspondan, a su vez, con una trama común que una las diferentes significaciones.

También en un relato puede haber varias tramas, e incluso una misma acción puede corresponderse con dos tramas diferentes. Me estoy acordando del relato de J.D. Salinger «El hombre que ríe», en que se narran tres historias con tres protagonistas diferentes, tres tramas diferentes y tres líneas de acción, aunque muchas de las acciones son comunes a las tres tramas o a dos de ellas; es decir, la misma acción significa dos o tres cosas diferentes según desde la trama (y el protagonista, y el conflicto) desde la que se la mire.
Pero, en general, yo uso la palabra «trama» para hablar del río de significación que corre por debajo de la línea de acción de un relato. De este modo, en ocasiones digo: aquí está muy clara la acción, pero, ¿dónde está la trama?, ¿qué significan o quieren significar todas estas acciones concatenadas? Por el contrario, otras veces diré: aquí me estás «explicando» la historia, es decir, sacando la trama a la luz, pero eso no funciona, tienes que buscar una concatenación de acciones o elementos narrativos a través de los que se pueda interpretar la trama, pero no explicitarla.

Yo diría que estas dos nociones son el núcleo o el eje de rotación de mi metodología para enseñar a escribir, alrededor del cual se organizan todos los demás conceptos.

Una historia es un todo cuyas piezas no tienen sentido vistas de forma aislada

No obstante, suelo recomendar a mis alumnos que no se impacienten con los conceptos teóricos y, sobre todo, que no los solidifiquen, porque en realidad son totalmente inexistentes e inventados. Una historia es un todo cuyas piezas no tienen sentido vistas de forma aislada. Entonces, hacer divisiones, segmentaciones, definiciones, etc., nos va a servir para ver cosas que antes no veíamos dentro de ese todo que es la narración, pero si tratamos de solidificar esos conceptos, perderemos la noción de unicidad.

Todo lo que yo propongo es meramente utilitario. Son herramientas que pueden ser útiles en un momento dado, pero que luego habrá que abandonar para no quedarse agarrado a ellas. No tienen validez intrínseca, sino solo para hacernos reparar en aspectos, prismas, matices, reflejos o iridiscencias de las historias que antes nos pasaban por alto. Una vez que el autor sabe reparar en el aspecto en sí, la herramienta la puede tirar a la basura.

 

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2 comentarios
  1. Marusela 06/12/2017

    He leído en alguna parte (tal vez en el Gotham writers workshop) que la trama vendría a ser la respuesta a la pregunta dramática, ¿de qué va la historia? Lo cual encaja con tu vuelta de tuerca, ¿no?
    Saludos

    Responder
    • Isabel Cañelles 11/12/2017

      Pues sí que encaja, Marusela :-). ¡Qué casualidad! ¿Será que todos hemos leído a Aristólteles? 😉

      Besos,

      Isa

      Responder

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